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martes, 21 de mayo de 2013

El Taller de Narradores de Santiago recibe un Reconocimiento de la IX Feria del Libro de la Universidad Abierta para Adulto (UAPA)

 Los escritores del Taller de Narradores de Santiago: Marlon Anzellotti, Sandra Tavarez, Dr. Víctor Estrella y Napoleón Peña.
 Los escritores están listo para lectura de cuentos y ensayo en la IX Feria del Libro de UAPA.
 Máximo Vega en representación del Centro de la Cultura y como escritor invitado quien es miembro del Taller de Narradores de Santiago quien dijo las palabras iniciales en dicho evento.
Los escritores del Taller de Narradores de Santiago: Ubaldo Rosario, Marlon Anzellotti, Sandra Tavarez, y Dr. Víctor Estrella.
 En el evento los escritores leyeron cuentos y ensayos ante de recibir el Reconocimiento de la Universidad.



El escritor Máximo Vega mientras habla sobre la literatura del siglo XXI en la ciudad de Santiago de los Caballeros.
 El escritor Ubaldo Rosario mientras va presentando a los escritores que van a leer en dicho evento.
 La escritora Sandra Tavarez quien lee un cuento de su segundo libro: Límite invisible



 El escritor Dr. Víctor Estrella mientras lee el cuento el Voyerista del Altardecer, su cuento más representativo.
 Público asistente al acto de Reconocimiento por la Universidad Abierta para Adulto (UAPA)

 El  Dr. Estrella uno de los escritores más homenajeado de la ciudad de Santiago de los Caballeros
 El escritor Marlon Anzellotti quien lee uno de sus ensayos sobre la Mitología Griega y el comportamiento social dominicano.

 Estudiantes de la Universidad UAPA
 El escritor Miguel Cabrera quien lee uno de sus cuentos de su libro inédito
 Los estudiantes tomando apuntes sobre la lectura de cuentos del Taller de Narradores de Santiago

 El escritor Ubaldo Rosario quien habla del escritor Napoleón Peña


 El escritor Ubaldo Rosario quien lee un cuento de su libro: Cuentos cortos para lectores perezosos.
 El escritor Máximo Vega recibiendo el reconocimiento a nombre del Centro de la Cultura


 El escritor Ubaldo Rosario y coordinador del Taller de Narradores de Santiago quien recibe el reconocimiento de la Universidad Abierta para Adulto (UAPA)

 Escritor Ubaldo Rosario y su esposa Aura Franco y su hijo Ulises Rosario Franco después de haber recibido el reconocimiento de la Universidad UAPA


 Marlon Anzellotti después del evento.



miércoles, 1 de mayo de 2013

Taller de Narradores de Santiago, visita la XVI Feria Internacional del Libro 2013, Santo Domingo, Rep. Dominicana.

Lectura de cuentos en el Pabellon de Escritores Dominicanos. Miembros del Taller de Narradores de Santiago y el público asistente. 


                El escritor Ubaldo Rosario Taveras moderador del encuentro quien va dando la reseña de cada  integrante al leer.


 Marlon Anzellotti Gonzalez mientras lee uno de sus ensayos sobre la Mitologia Griega y nuestra época.

 

Lissa Muñoz leyendo uno de sus cuentos. 

 Lissa Muñoz considerada en el Taller de Narradores de Santiago como la Benjamin del grupo, pues solo tiene 13 años y ya escribió su primera novela.
 Napoleón Peña cronologicamengte es uno de los mas viejo pero en la literatura es un Benjamin quien leyó el cuento el Ladron,.
 El periodico que sostiene es porque está leyendo su cuento el ladron, directamente del tabloide.
 En los momentos que interactuaba con el público.

 Víctor Acturus Estrella, mientras leia un cuento corto.

 Víctor Acturus en su participación leyó tres cuentos, dos minificción y un cuento.

 Víctor Acturus Estrella mientras leía un cuento de Ciencias Ficción
 Víctor Antonio Estrella Rodríguez, leía su cuento mas antologado, El Voyerista del altardecer.
 Víctor Antonio Estrella Rodríguez, quien imaginaba que iba leer otro cuento que no fuera eróstico nos sorprendió con unos de sus mejores narraciones.

Víctor Antonio Estrella Rodríguez, en los mementos que terminaba la lectura y el público quedaba anonadado con la historia que acababa de narrar.

 Miguel Angel Cabrera mientras leía un cuento rural al estilo del profesor Juan Bosch
Miguel Angel Cabrera, quien fuera ganador con una mención en la Funglode ahora leía otros de sus trabajo narrativo en el Pabellon de Escritores Dominicanos.
Sandra Tavarez, que todavía sigue matando a Laura, leyó un cuento de su primer libro publicado.

Sandra Tavarez, quien tiene dos libros de cuentos: Límite invisible y Matemos a Laura, quien en ese momento narraba un cuento.
Ubaldo Rosario Taveras, en el momento que despedía el evento, es decir, cerraba la lectura del Taller de Naradores de Santaigo, quien no pudo leer su trabajo narrativo al igual que  Albania Lopez, por la razón que se había pautado 45 minutos para cada Taller, Circulos Literarios y Conferencistas.

 Parte del Público que asistió al encuentro. Que se encontraban en el lado izquierdo.
 Parte del Público que asistió al encuentro. Que se encontraban en el lado derecho. En el fondo Albania López y Napoleón Peña.

viernes, 12 de abril de 2013

La Taxidermista, novela del escritor Quibian Castillo



Ubaldo Rosario Taveras

Leyendo la novela “La Taxidermista” del escritor Quibian Castillo, descubrí una verdad que se encuentra reposando en todos los subconscientes de la humanidad de ésta época. Y es que Hollywood nos está educando a través de sus empresas de sueños. Al leer la obra de Castillo conocí un término que inconscientemente conocía su significado, pero no el nombre, me explico. La película “El silencio de los Inocentes”, dirigida por Jonathan Demme y protagonizada por Jodie Foster y Anthony Hopkins, trata sobre un enfermo mental que secuestra jovencitas y le quita la piel con el único objetivo de confesional una vestimenta para sí. A través de este film se encuentra un diccionario hollywoodense, que define el concepto “Taxidermista”.

La película, ganadora de varios Oscar, nos  informó que utilizar la piel de un ser vivo y colocarla en un muñeco o un maniquí, para que tenga el aspecto de un ser real, es lo se conoce como: Taxidermia. Es posible que muchos conocieran este término, y solo yo lo ignorara, y por esta razón ahora leyendo la novela de Quibian Castillo, es que comprenda mejor la historia de la Película “El silencio de los inocentes”.


Tomando en cuenta si la educación o los conocimientos que nos trasmiten las películas son dirigidas con un fin o no, es decir con un mensaje sublime, oculto y que nos sugieren ideas, ideas que los cinéfilos defenderán de manera inconsciente, lo importante es que aprecio leer los libros más que ver las historias en las pantallas grandes o pequeñas.

Visto que el cine siempre se ha auxiliado de la literatura para producir sus filme, el gran reto que tenemos los escritores del siglo XXI, es de escribir historias que no se parezcan a los guiones cinematográficos (a las películas), sino que sean narraciones donde las historias, es decir, la literatura se parezca más a la literatura. No es  un juego de palabras, tenemos que lograr que la literatura sea un arte tan complejo que el cine no pueda reproducirlo y al mismo tiempo tan simple que el lector comprenda y disfrute la obra que está leyendo.

   Y esto lo ha logrado el escritor Quibian Castillo en su novela “La Taxidermista”, donde un pintor que pinta cuadros solo por el hecho de pintarlo, es decir, por el hecho  simple de hacer arte. Como dijo una vez en una entrevista José Lezama Lima: “Conocí un poeta que escribía poesía en papel de cigarrillos y luego se le fumaba y respondía, lo importante es crearlo”. Pues con esta misma concepción de hacer arte por el arte, el pintor pinta cuadros y luego lo incinera. Hasta que un día cualquiera conoce una mujer que le suplica al pintor que la pinte desnuda. Una joven  hermosa y con un oficio desconocido para aquellos que no visitan los grandes museos: Taxidermista.

Conociendo el argumento de la película de “El silencio de los Inocentes”, ya el lector va compaginando la imaginación sobre las perversiones que ésta mujer tiene, por la razón de tener un oficio poco común en la vida de los seres humanos, la de quitarle la piel a un ser vivo para colocarla en un maniquí o un muñeco. El pintor que tuvo que reconocer que ser taxidermista también es ser un artista, pues éste transforma a un muñeco y le da la apariencia como si fuera el mismo animal que estuviera momificado, pero solo los taxidermista conocen la verdad.

Se enamoran y transcurre la historia. Nosotros los lectores en cambio esperamos que aparezcan los asesinatos, especialmente la madre de la mujer, que ella tanto odia. Que la mate con la única razón de hacer arte. Hay un pasado atroz que no voy a contar. Solo que como lector  espero de los enamorados (porque vamos construyendo nuestra historia paralela en el proceso de lectura),  una caricia o un simple beso. Camino a Paris, estos dos personajes que quieren visitar el Museo de Ovre, duermen juntos pero no se tocan. Una historia rara, dos amantes que se aman, se encuentran en la misma habitación desnudos y no hacen el amor. Es extraño, pensamos que ella se ha injertado alguna piel y por esa razón no deja que la toquen. Según va avanzando la historia, el lector reconstruye otra tratando de darle o adivinar el final de la novela de Castillo. Pero no, nada tiene que ver con las historia de Hollywood. Es una historia meramente literaria, escrita para un lector no para un cinéfilo. Es una historia que está haciendo arte pero un arte simple para el lector y difícil para el cine. Con un esquema narrativo diferente donde no existe el guión para determinar los diálogos y con tan solo leer se reconoce quien habla. Saramago sustituye el Guión por una Coma para determinar el dialogo. Quibian Castillo va más allá, no usa ni guión ni coma, ni otro recurso para señalar donde hay un dialogo. Simplemente se diferencia el habla de los personajes del habla del narrador. Tiene este escritor una prosa limpia, sin ripios, y de vez en cuando llena de poesía. Lograr esto, es hacer arte, es hacer literatura. Pues casi no se cuenta nada en la novela sino el mundo interior tanto del pintor como de la taxidermista. Cita:


 Tomó el pincel. Se pintó ambos pezones con el color azul de Prusia. Luego, sopla suave mi cuello. Me estremecí, como un árbol cuando el viento fuerte balancea y caen al suelo los frutos. Dejó deslizar el pincel de su delicada mano. La veía ahí, tan cerca de mí, desnudos los dos, mirándonos, tan ciego, sin el mínimo intento de un mágico movimiento fingido o no, por los amantes. ¿Sería que ambos estamos sufriendo de la misma raquítica enfermedad, del desamor? Murmuré para mí, como quien traga una nube de humo. Vámonos, me dijo, con ese intríngulis que estruja las entrañas, pero no estrangula. Dio media vuelta, y antes de dar cincos pasos, la paleta y los pinceles cayeron al piso. Nunca me había sucedido algo similar. El ritmo precipitado de los músculos cardiacos late dentro de mi caja torácica como vieja locomotora y el sudor corre como lágrimas sobre aceite, producto de esta mujer. Le juro, me turbaba los sentidos, igual o pero que Gala a Dalí. Si deseara, en este instante me acercaría a ella, la sedujera y nos metiéramos en la cama o aquí mismo en el estudio o el patio;  pero una cosa trae la otra, y la otra, a otras.

Un cineasta podrá rodar la escena de este párrafo que ha sido citado, pero no podrá aprehender, es decir, tomar la esencia que se ha narrado. Las cámaras no pueden catar el conocimiento silencioso que está detrás de la escritura. Y eso es hacer literatura. Cuando leemos a Quibian Castillo reconocemos que en su novela hay un poder escondido que jamás el cine podrá capturar, porque las emociones y la travesuras de los personajes tiene cierta relación de complicidad con el lector, situación que nunca ocurrirá en el cine, porque las emociones de los personajes son las mismas emociones del lector y cuando un escritor logra que un lector crea esa hipótesis, es porque está haciendo literatura.

   No debemos tener como fuente al cine aunque el éste se auxilie de la literatura para rodar sus películas. Los escritores no debemos auxiliarnos al séptimo arte a excepción que sea para reproducir una que otra técnica narrativa que la literatura no haya plasmado. Y esto es lo que he encontrado en la novela de Castillo, una historia única que nada tiene que ver con aquellas que nos presenta Hollywood

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Juan Bosch: Carta a Gabriel García Márquez



Mí querido Gabriel García Márquez:

Aunque usted lo sabe tanto como yo, quiero recordarle que nuestra querida Carmen Balcells estuvo aquí unos días allí por el mes de marzo (o tal vez está equivocado y fue en abril); que nos vimos varias veces; que estuvo comiendo con Doña Carmen y conmigo en casa; que hasta anduvimos juntos por la ciudad, si bien un trecho corto porque a mí me sobran las obligaciones y me falta el tiempo; y sin embargo no me mencionó ni por asomo. La increíble y triste historia de la Cándida Eréndira y de su abuela desalmada. Hágase cargo, pues, de mi sorpresa cuando a mediados de mayo recibí, enviado por Carmen Balcells, ese libro alucinante, para cuya lectura no estaba preparado en absoluto porque ignoraba completamente su existencia.

Aun tratándose de personas hechas a analizar con rapidez las impresiones que reciben, como es mi caso, se necesita tiempo para asimilar la lectura de La increíble y triste historia de la Cándida Eréndira. Mi mujer refiere que después de leerla estuvo ocho días en que se sentía caminar por el aire, cruzando por entre árboles y viendo a la gente desde una perspectiva inusitada, o creía que andaba bajo las aguas, pisando el fondo de la mar y constantemente rodeada de peces multicolores que la miraban con asombro.

Todo lo que acabo de decir le explicará por qué he tardado un mes y medio en acusar recibo de su último libro, pero lo cierto y verdadero, como usa decir el pueblo dominicano, es que no le escribo para decirle eso, que en fin de cuentas se relaciona con Carmen Balcells, o con Carmen Bosch, o conmigo o con Eréndira y su historia, y no con usted; y es de usted de quien quiero hablar en esta carta, si bien quiero hacerlo a causa de que usted inventó a Eréndira y escribió su triste historia. Yo no sé si la generación suya ha leído Eça de Queiroz; y no lo sé porque a pesar de la altísima categoría de su obra, Eça de Queiroz está pasando desde hace muchos años por un inexplicable período de olvido. Pero mi generación leyó al gran novelista portugués, y entre las muchas páginas extraordinarias que él escribió está aquella versión suya de Ulises Odiseo en la que Eça de Queiroz planteó la tesis de que el que aspira a la perfección aspira al mal supremo. Por qué? Es acaso porque la perfección está llamada a ser tan sólo una aspiración, y no una realización del género humano, dado que su realización es un privilegio e los dioses y no una posibilidad del hombre?
 
No lo sé ni trato de saberlo. Lo que sí es que cuando escribía cuentos aspiré a producir el cuento perfecto, y debido a que me esforcé en conseguirlo y no pude tengo sabido qué se siente cuando se padece esa ambición; de manera que comprendí muy bien a Queiroz cuando puso en boca de Ulises estas palabras, dirigidas a la ninfa Calipso, reina de la isla Ogigia: "El mal supremo, oh diosa, está en la suprema perfección". Ulises Odiseo decía que en Ogigia todo era perfecto, pero él, que era un sabio de la vida, no de los libros, sabía que la perfección no era un bien, y quería salir de Ogigia, cuyo aire mantenía a Calipso perpetuamente joven, en cuya tierra jamás se marchitaba una flor ni los bueyes se atascaban en el lodo y en cuyo cielo las nubes nunca se arremolinaban para formar la tempestad; donde todo, en fin, era perfecto. "Quiero irme de aquí", decía el astuto personaje de Hornero; "quiero llegar a mi casa de Itaca, tropezar con la alfombra de la cocina, caerme y gritarle a mi mujer: Penélope condenada, tú eres la culpable...". Y Eça de Queiroz no andaba descaminado cuando inventó ese Ulises, porque los pueblos griegos sabían que aquel que lograba hacer lo perfecto debía, por lo menos, perderse para siempre de la vista de los hombres. Eso es lo que explica la desaparición de Licurgo y de Solón, que alcanzaron a elaborar la legislación perfecta para los grupos sociales que dominaban en sus días la vida de Esparta y de Atenas. El que alcanzaba la perfección no podía seguir viviendo entre los demás mortales, porque el hombre común no puede ni siquiera tocar las lindes de lo perfecto, y hacerlo convivir con el que logra lo perfecto, mantener a su lado al que ha llegado adonde él no puede llegar equivale a someterlo a una forma de crueldad demasiado refinada, y por lo mismo, repugnantemente perversa. El vecindario de aquel que obtiene la perfección debe ser el de los dioses.

Que ellos sean sus amigos, los que se sienten a su mesa y sus contertulios en las horas de la noche. Ahora bien, si no está a mano el lugar donde se congregan los dioses, entonces que se separe de los mortales a la distancia necesaria para que éstos no acierten a darse cuenta de que su cuerpo genera olor de sudor, de que su carne tiene que ser sostenida viva con alimentos iguales a los que engulle la gente común; de que ronca cuando duerme y de que de vez en cuando le grita a su mujer: "Penélope condenada, tú eres la culpable".

No le pido a usted que se interne en las selvas del Caquetá; pero después de haber escrito La increíble y triste historia de la Cándida Eréndira y de su abuela desalmada, qué hace usted, Gabriel García Márquez, viviendo entre los hombres comunes? O es que todavía no alcanza usted a darse cuenta de lo que hizo al inventar a Eréndira y al escribir su historia "increíble y triste".

Reciba usted el mejor saludo de su amigo Juan Bosch
Santo Domingo,
3 de julio de 1972.