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miércoles, 10 de octubre de 2012

Los gastrocuentemas de Daniela Cruz Gil



Facilitador: Fernando Valerio-Holguín

Colorado State University

 La relación entre literatura y comida es tan antigua como la literatura misma. La escritora española Lena Yau, en su libro El sabor de la eñe (2012), hace un repaso de esa relación e incluye cincuenta y nueve fragmentos de textos sobre comida en la literatura española y latinoamericana, además de las respectivas recetas y un glosario de términos gourmet. Sin embargo, el hecho de que un escritor haga referencia a un platillo o incluya una receta no hace que la novela, el cuento o el poema pertenezcan a ese subgénero literario que denominaré gastroliteratura. Para que un texto pertenezca a este subgénero, la comida debe impactar, de alguna manera, la sicología de los personajes  o la significación del texto en un amplio sentido.
         Gastrocuento de Daniela Cruz Gil es una colección de diez cuentemas que tienen como hilo conductor temático y discursivo la gastronomía. Si como dijera Borges “Cada escritor crea sus propios precursores”, Cruz Gil modifica la gastro-novela Como agua para chocolate de Laura Esquivel, Anadel: la novela de la gastrosofía de Julio Vega Batlle, y “Gastropoesía del amor” de Fernando Valerio-Holguín.

         Estos cuentemas, como prefiero denominar este género híbrido, se encuentran a horcajadas entre el cuento y la  poesía. En ese sentido, en una reseña publicada en el Listín Diario Digital, Yaniris López expresa lo siguiente: “Aunque la poesía es su fuerte, Daniela dice que se siente cómoda trabajando ambos géneros...” Luego, la escritora comenta: “Como la beca te obliga a concentrarte, me di cuenta de que sí puedo manejar ambos géneros, porque se complementan. Incluso hay dos autores dominicanos ... que se debaten en esa frontera y a veces la cruzan y la tumban”.  
         A horcajadas está también en los cuentemas de Daniela el género sexual. A diferencia de otras escritoras, estos cuentemas están narrados en masculino. Y para decepción de las feministas, son masculinos casi todos los personajes. Los narradores en segunda o tercera persona están restringidos, es decir, se atienen a lo que el personaje ve o sabe de su mundo. Pero un aspecto novedoso que intuyo es que dichos narradores restringidos tienen a una autora observando por encima de sus hombros. En definitiva

–sospecho- son narraciones travestidas. (Habría que distinguir entre la escritora (Daniela Cruz), la autora (la instancia que gobierna las narraciones) y la narradora (quien cuenta una historia en el texto)).
         El crítico francés Roland Barthes ha dicho que el lector burgués detesta el arte que revela su proceso de construcción. Daniela Cruz, en sus cuentemas, monitoriza los personajes, hace un escrutinio de su propia escritura, reflexiona acerca de los conflictos entre las diferentes instancias narrativas y revela la ansiedad de sus influencias literarias: Cortázar, García Márquez, Monterroso, Kafka, Baudelaire y Rimbaud. Sus metacuentemas, es decir, cuentemas que tratan sobre los cuentemas mismos, son modelos para armar y desarmar, en la mejor tradición cortazariana; narran historias que, como en el hecho estético que planteara Borges, buscan ser y cuando parece que son, se esfuman en el aire, dejando al lector en el asombro y la incertidumbre. 

         En “Gastrocuento”, que le da título al libro, Daniela delinea una poética o lo que serán los principios programáticos de su escritura. Lo primero que se presenta es una relación conflictiva entre editor, escritor, y narrador acerca de la relación entre la comida y la construcción del texto. Le preocupa a la autora que organizará las narraciones lo que denomina la escribidera. A diferencia de la escritura, la escribidera implica lo concerniente a las condiciones reales del escritor: “asesorías, pagos de los cheques... La presión atmosférica, literaria, social, laboral, sentimental, sexual, psicosexualpasional” (10-11). Y con respecto a la sexualidad del escritor, aquí viene el golpe de broma o boutade: Juan Bosch, alegado maestro del cuento latinoamericano, en sus “Apuntes sobre el arte de escribir cuentos”, no incluye el sexo como recomendación a los noveles cuentistas. El asunto se complica más, porque la autora se obsesiona con la relación entre el sexo, la trama y la comida.
         En los cuentemas de Daniela, el narrador elucubra acerca de crímenes reales o imaginarios enmarcados en una triangulación del deseo. En la literatura, cito a la escritora, “Alguien tiene que morir. Alguien tiene que matar, a orgasmos o a puñal” (11). En esta cita, la muerte y el sexo (Eros y Tánatos) quedan vinculados, sobre todo si se toma en cuenta que el puñal es fálico. El orgasmo, denominado petite mort en francés, es esa muerte segura, simbólica en el placer, diferente a la muerte real. Asegura Georges Bataille que “No hay erotismo sin sangre”: en las pulsiones del corazón, en la erección, en la demanda de sangre en las zonas erógenas, en las pequeñas heridas en el roce de los sexos, definitivamente, en el crimen de la pasión. Concluye la autora, en este cuentema, que tanto el crimen como el sexo producen hambre y coloca así la comida como un aspecto central de su narrativa (12).
         El crimen, el erotismo, la comida y la escritura comparten la anticipación y la premeditación. El goce se encuentra en la anticipación, no en el acto mismo de la ejecución, ya que la anticipación se encuentra inmersa en pleno imaginario. La anticipación es el deseo que, en algunos casos, no llega a realizarse y produce, por lo tanto, extrañeza y perturbación. En ese sentido, Daniela narra el futuro, que es anticipación en el presente. (Nótese el uso del contrapunteo entre los tiempos verbales presente y futuro en algunos cuentemas.) La anticipación al imaginar el sabor de la comida se convierte en algunos casos en recuerdo.
         En su libro Del asesinato considerado como una de las Bellas Artes (1827), De Quincey considera pertinaz la diferencia entre el acto "que se va a cometer" y el acto que "se ha cometido" (16). El primero, como todavía no se ha cumplido, implica necesariamente una condena de tipo moral. El segundo acto, una vez cometido, debe ser considerado desde una perspectiva diferente a la moral y ser "tratado estéticamente". De esta manera el acto criminal se convierte así en "una representación muy meritoria" (16). En los cuentemas de Daniela, el crimen, aunque condenable éticamente en su anticipación gozosa e imaginaria es también estético, porque es el pretexto del cuentema mismo y está ligado a la comida y al erotismo.
         En cuentemas como “Duvel” y “Ámbar”, el placer oral se desplaza metonímicamente del sexo al sabor, así como también converge con la anticipación o el recuerdo del sexo. Los personajes tienen una fijación oral que, de alguna manera, comparten con los narradores, en su afán de perfeccionar la expresión oral de la que surge la escritura. En “Duvel”, la cerveza remite metafóricamente al cuerpo perdido de la amada, cuyo nombre no en vano es Bélgica, país donde se produce esa marca: “Botella morena, como la piel de Bélgica. Madurada con paciencia, como ese amor alojado en el tope de su cuerpo, secretamente dormido.... [S]e la bebió a tragos largos...La espuma bajando y subiendo en la botella. El cuerpecito de Bélgica subiendo y bajando sobre él... (20) En “Ámbar”, el protagonista pone a enfriar dos cervezas en la nevera para esperar a la amante. Las cervezas prefiguran el encuentro entre los amantes: “Sus tardes se llenan de Ámbar, de ese sabor amargo y fuerte que cada tarde confunde con la boca de ella” (24). Luego, el sabor de las cervezas, ya prefigurado, pasa a mediar el erotismo entre ambos: “Las dos botellas de cerveza medio llenas, las bocas medio vacías se llenan de cada uno mientras cada cual quiere comerse al otro” (23). Chupar, morder, comer, lamer, y saborear son actividades del placer oral que comparten el sexo y la comida. El órgano de la boca es la fuente de placer tanto en la comida como en el sexo.    
         La comida, como leitmotivo en cada uno de los cuentemas, surge como “extrañeza perturbadora”, que Freud denominó unheimlich, es decir, la sensación de desfamiliarización dentro del contexto de lo familiar, lo cual produce estupor o una cuasi revelación estética de algo que por evidente está más allá de lo evidente. De acuerdo con Freud, ésta consiste en el malestar de una experiencia que linda con la angustia y que se presenta a partir de la repetición de un hecho banal: "La extrañeza inquietante será ese tipo de espanto que se apega a las cosas conocidas desde hace mucho tiempo, y desde siempre familiares" (Freud citado por Clancier 48).
          Si las bebidas, la comida y el cigarrillo –fijaciones orales por excelencia- convocan el deseo, también instauran lo abyecto, como separación brusca del cuerpo amado y la perturbación de lo familiar. En la mayoría de los cuentemas hay una ausencia por muerte o abandono del cuerpo amado. En “Langosta” y “Club Sándwich”, el triángulo amoroso da como resultado el crimen como hecho real o como anticipación imaginaria, respectivamente. La langosta, “esa masa salada”, en el primero, desplaza el cuerpo de la esposa asesinada por el protagonista: “... una sinfonía armónica con la desaparición del contenido del plato” (30). ¿Es la masa salada anti-erótica, rechazo del cuerpo de la mujer asesinada? El hecho trivial, cotidiano, de comerse una langosta o un Club Sándwich en un restaurante oculta el crimen por parte de los protagonistas en estos cuentemas.
         Si el sabor amargo, fuerte de las cervezas, en los cuentemas mencionados anteriormente, establece una relación metafórica por similitud con el cuerpo amado, en “Crepes”, la salsa bechamel tiene esa textura de la tristeza; el espesor de las lágrimas de ausencia. Comer crepes en bechamel en un restaurante del Malecón de Santo Domingo revela las lágrimas  y la ausencia del amante: “Las ciudades no se mueven, la gente sí” (37). En “Plátano frito”, el anuncio de la muerte ocurre durante una situación tan cotidiana como el almuerzo, que incluye plátanos fritos, tan cotidianamente dominicanos. Causada por el crimen, la enfermedad, el suicidio, el abandono o el orgasmo, la muerte es siempre una ausencia “violenta y suave”, como las cervezas, diría Daniela.  
         En los gastrocuentemas de Daniela Cruz Gil, la comida, placentera o no, posee esa cualidad perturbadora que abre puertas al misterio, a lo inefable, a lo que se resiste a ser nombrado, en definitiva, al goce de lo numinoso. 
          


Bibliografía

Bataille, Georges. Breve historia del erotismo. Buenos
         Aires: Editorial Caldén, 1976.
Borges, Jorge Luis. Otras inquisiciones. Buenos Aires:
         Emecé,1960. 9-12.
Clancier, Anne. Psicoanálisis, Literatura, Crítica. Madrid:
           Cátedra, 1979.
Cruz Gil, Daniela. Gastrocuentema. Santo Domingo:
         Ministerio de Cultura, 2011.
De Quincey, Thomas. "On Murder Considered as one of the
         Fine Arts". De Quincey´s Collected Writings V. XIII.
         London: A. & C. Black, 1897. 9-124.
Freud, Sigmund. "The 'Uncanny.'" En Sigmund Freud:
         Collected Papers
(Vol. 4). Trans. Joan Riviere. New
         York
: Basic Books, Inc., 1959. 368-407.
López, Yaniris. “Gastrocuentema, primer libro de relatos de
         Daniela Cruz”. La Vida. Autores Dominicanos. Listín 
         Diario Digital
. Agosto 12, 2012.            http://www.listindiario.com.do/lavida/2012/8/11/243160/
         Gastrocuentema-primer-libro-de-relatos-de-Daniela-Cruz
Yau, Lena. El sabor de la eñe. Madrid: Instituto Cervantes,
         2012.
Valerio-Holguín, Fernando. “Gastropoesía del amor”. Elogio
         de las salamandras
. Santo Domingo: Editora Búho, 2010


jueves, 27 de septiembre de 2012

MI VIEJO (Cuento)



Ubaldo Rosario Taveras

A: René del Risco Bermúdez

Viejo mi  querio viejo
ahora ya caminas lerdo
como perdonando el tiempo
yo soy tu sangre mi viejo
soy tu silencio y tu tiempo.
Piero.

Cuando olvidaba las miradas de los sueños  te veía a ti papá despertándome a las seis de la mañana y te ibas a trabajar. En mi cuerpo aun sentía el suspiro dormilón junto a la cama y al insistir mamá de que me levantara ya desayunando estaba Carlos Manuel y listo para ir a la escuela. Por las mañanas corríamos para tener las primeras butacas, entonces antes de llegar a la escuela te veíamos laborar, era gracioso papá, con aquel mameluco desteñido que decía en tu espalda “Ayuntamiento Municipal”. Muchas veces te asustaba como en otras ocasiones te enojabas cuando Carlos Manuel te golpeaba con las cascarillas de naranjas, tú les pedía las gomitas y lo regañaba con no darle dinero. Carlos, embriagado de risas decía que era para matar lagarto en la escuela, entonces te ponías cariñoso y nos daba suficiente para el recreo. Luego sin ton ni son levantaba el palo del escobillón y ordenaba no correr, pero corríamos papá.  Los viernes te encontrábamos bien vestido y preparado para ir a jugar dominó con tus amigos. Te recuerdo, porque hoy he aprendido a valorar a los mendigos, entonces rememoro el eco de tu voz a lo lejos diciéndome “dale duro en la cara, no voltee el rostro cuando te den”. Pasaba un asalto  y veía tu rostro con aquel ojo fijo en mí. “Peléale cuerpo a cuerpo”. Volvía y revisaba mis guantes, sí que me animaba papá. “Dale un upper cut,” y yo casi corría porque Luis era mucho mayor y fuerte. Insistía de nuevo pregonando, “un jab en la cara, Luis es un pendejo”. La pelea terminaba al enterarse mamá que tú apostabas a mi favor y tomado del brazo me sentaba junto a ella mientras cosía la ropa por encargo de alguna vecina. Desde la ventana veía el espectáculo del barrio,  gritaban los muchachos  y tú animabas a Carlos Manuel. Librado, víctor, Eddy, Juan, Julio y Sandi, estaban listos para  la competencia. Entre risas limpiaba la gafa oscura y la colocaba en tu cara como si fuera ella un miembro de tu cuerpo. Sin la gafa era ver otro hombre con la mirada astuta de un cíclope.
La seis de la tarde, mamá mandaba a comprar carbón y cuaba ordenándome encender el anafe, pero tardaba porque Carlos Manuel se preparaba a salir, tenían que darle la vuelta a la manzana y de súbito sacaba la cabeza del comercio y te veía mi viejo, levantando y trasladando a mi hermano entres tus hombros, cambiaba cinco pesos en cheles y reunía a los muchachos. Yo corría con la lata del carbón, en muchas ocasiones no me daba tiempo de llegar a casa y regresar. Esperaba, de momento los centavos  bajaban cuando los sonidos mágicos del metal despertaban mi avaricia y golpeaba por tomar uno, dos o tres cheles. Luchando contra Luichi o Joselo y los demás corrían hacia otro lado buscando la lluvia de monedas. Feliz me levantaba escuchando mi nombre y huía a la casa antes que mamá me llamara de nuevo. Al enterarse ella de tu paradero con el radio de pila esperando que Las Águilas Cibaeñas ganaran, me dejaba salir. Antes que la noche se desplomara, los muchachos nos reuníamos a jugar belluga. Dos cheles con el rostro de Lincoln lo utilizábamos para comprar uno de palmita, era una reliquia un chele de palmita  y si la fecha era vieja de años atrás, dábamos tres. Los centavos con la efigie de Duarte o Caonabo, valían más que lo de Lincoln; pero al fin todos los perdíamos en el juego o algún jalao o riqui taqui cuando pasaba tío.
Afeitándote en una ocasión me gritaste enojado y me devolviste a correazo a buscar el vuelto donde el pulpero. Como quisiera que ahora me reconociera, pero no lo hará, estoy más fuerte y viejo. Mi cabeza está poblada de canas y he perdido varios dientes. Tantos años sin ver el sol ha blanqueado mi piel y no hay forma de que reconozca aquel muchacho que te sacaba las caspas mientras escuchaba la radio. “Mil doscientos veintinueve,  ciento cincuenta pesos, ochocientos veinte, ciento cincuenta pesos, trescientos treinta y uno, ciento cincuenta pesos, mil novecientos sesenta y siete, Premio Mayor, uno, nueve, seis, siete. Premio Mayor, mil novecientos sesenta y siete. Premio Mayor, sesenta y siete”. Te levantaste de alegría y los vecinos estaban con una gran algarabía en la puerta de la casa, sabían que tú tenías cinco años jugando ese número abonado y no tardaste  en comprar la casa donde vivíamos alquilados y la construiste de blocs. Mamá dejó de hacer los dulces y Carlos se alegró de no venderlo más, hasta tío dejó de vender los Riqui taquis que tú y él preparaban en las noches. Ese día cambió nuestra vida, Carlos Manuel tuvo su primera bicicleta pero no dejaba de fugársele a tío en la de carga y burlarse de él.
Sesenta y siete, a partir de ese número sentí que los años pasaban más rápidos, sin darnos cuentas éramos hombres, decían que éramos adolescentes, pero Carlos Manuel y yo sabíamos que éramos hombres. Hasta nos caíste  a trompadas y me sorprendí que no usaras la correa y todo porque nuestra prima tenía amores escondido con los dos. Carlos y yo, celosos, no aceptábamos que estuviera con el otro y con los golpes sentimos que mamá se iba enterar, le temíamos tanto que decidimos compartirla. Pero lo que Carlos Manuel no sabía era que mientras él dormía,  Julia se entregaba así todita  para mí solo. Era emocionante verlo dormir cuando  me excitaba con los gemidos de mi prima, era hermoso sentir su cuerpo desnudo templando contra el mío. Un día se descubrió el embarazo. El miedo me dividió en dos, estaba tan asustado que sentía el mundo en mi espalda. En el taller  avanzaba en el trabajo lentamente y me daba a las risas, esa parte de mí me gustaba, pues estaba lejos de las preocupaciones. Al llegar a la casa, la otra parte de mí me golpeaba, sentía como si una agujeta me agujereaba el estómago, Julia me miraba y mi corazón sangraba, parecía como si alguien le cayera a patadas. Era horrible actual así enseñando un rostro no acostumbrado al engaño. Trataba de buscar el otro lado de mí y aliarme a la tranquilidad, y no lo lograba. Sólo servía para disecar la realidad en una calma  que no existía en mí. Sin darme cuenta te acercarte a mí papá y dijiste lo que te dijo una vez tu amigo el Síndico que asumiera una actitud  conformista cuando no podía resolver una crisis porque la reacción de la vida normal es una falsa, que no tratara de seguir ideas ajenas de hombre y mujeres plastificado por la sociedad. Mi viejo, no comprendí sobre el significado de hombres y mujeres plastificado, pero me sentí contento cuando el mundo no estaba en mi espalda. Decidí hablar con tío y en ese momento Carlos Manuel saltó de alegría junto a él que insultaba a mamá, afirmando que no debió dejar ir a su hija a vivir a nuestra casa y ayudarla en los oficios. Nunca imaginé que mientras trabajaba en el taller, mi hermano y Julia se bañaban juntos. Imaginé todo lo que se puede hacer en el baño y especialmente con mi prima. Siete meses después, Julia estuvo de parto. Ll bebé era hermosa, Julia nunca pudo decirme quien era el padre. La niña se parecía a los dos y Carlos y yo teníamos el mismo tipo de sangre.  La prima y mi hermano se mudaron, me sentí solo y le insistía a mamá de que lo convenciera. No lo logró, a mi hermano los celos le carcomían el estómago. Desde ese día me di a la bebida. Embriagado tuve una revelación, la vida se vive sola, independientemente de nosotros. El mundo circundante era un absurdo, me gustara o no.  Julia no era una mujer, era una diosa, recordarla era idolatrarla con una botella de agua ardiente. Una mañana te enteraste de la huida de Carlos Manuel a Puerto Rico. La yola naufragó, muchas personas ahogada y desaparecidas. Mamá lloraba contando entre sus dedos las bolitas de un rosario. Julia pregonaba “se lo dije”. Tú no soportaste que en la noticia informaran lo sucedido. Buscaste a tío, se marcharon a Nagua y regresaste con él, fue un milagro. La familia lo besaba y le aconsejaba. Yo estaba solo y borracho mirando como Julia lo abrazaba y acariciaba. Estaba solo y abandonado mirando a la familia admirándolo. Estaba solo, sin mi cuerpo, sin mi voluntad. Solo con una botella en la mano. Solo, acompañado de una botella vacía, una botella que me había dado el poder de ser lo que era, un amargado. Entre las alegrías te veías corretear con la nieta, traté de pararme y caí hiriendo los codos. Mamá se acercó y sollozando me decía en mis oídos, “no beba más, mira el cielo, allá el altísimo te concederá pronto una buena mujer”. Yo levanté el rostro al firmamento y recordé  cuando tú nos hiciste las chichiguas, la de Carlos Manuel se reventó  y corrimos en busca de ella, pero nadie la pudo atrapar, ella cayó allá en la finca de Pacheco entre esas matas de cambrones llenas de espinas. Mamá me abrazaba  en el suelo y trataba de limpiarme las heridas y sonreí. Lo hice porque fue igual cuando monté en mi propio carrito de cajebola, tú lo había hecho para los dos. Los muchachos y yo echábamos competencia y el ruido desde la calzada molestaba a los vecinos y al salir uno de ellos que siempre nos echaba agua, yo traté de pararme en plena velocidad, lo hice y me fui de boca. Me rapé los codos  y  los labios, tú mi viejo, mandaste a comprar mentiolé, yo gritaba, ay... papá ya no me duele, papi, te digo que no me duele. Carlos Manuel se revolcaba de la risa. Sí que me hizo reír el recordar mi infancia, mamá se dio cuenta y con ternura me abrazó más fuerte. Mi vida cambió, esta vez regresaba a los estudios, te había prometido terminar el último año del bachillerato. La razón de mi nueva actitud, fue por la promesa a Carlos Manuel de conseguirle Visa, nadie lo sabía, estaba contento, si mi hermano salía del país, yo podía volver con Julia. Los meses transcurrían y un día visitó nuestra casa aquel quien fuera una vez Síndico en los tiempos cuando trabajabas en el Ayuntamiento Municipal. Lograste junto a él la Visa de Carlos Manuel. Qué alegría, se hizo un baile y mientras gozaban, en la oscura habitación, aquella que había compartido desde  la niñez con mi hermano, ahí donde unos años antes había perdido la inocencia, me reconcilié con Julia. Al claudicar la fiesta, reuniste a la familia y nos informaste de la hipoteca. La misión de Carlos Manuel, era trabajar y mandar dólares, lo suficiente y no perder la casa. Mi misión fue trabajar y mantener la familia, con esos fines alquilaste un terreno y compraste las cajas de herramientas. Fue lindo mi viejo, obsequiarme un taller.
Al emigrar Carlos del país, me aconsejaste, has esto y lo otro. Especialmente no podía seducir a mi prima. La familia la vigilaba, y cada día que pasaba era yo más temperamental, solitario y contradictorio. Controlaba a mi cuñada de una manera enfermiza. Nos veíamos fuera de la ciudad. Luego me sentí poseído de un apetito amoroso, fuerte y sano. Soñaba con una vida profesional e ir a la universidad. Tú mi viejo te oponías a ese modo de vida, me hablaba de Carlos Manuel, de mi madre, de los dólares, de no desear la mujer ajena. Pero quería estar con ella, Julia me transformaba en un ser encantador y gracioso; aunque en mí interior era duro y no aceptaba ningún compromiso. Eso siempre le molestó a mi prima, reprochaba que yo debiera ser su marido, fui el  primero en saber del embarazo y me lo había dicho para que la tomara como mujer. Pero no lo hice, ahora recuerdo a la familia, constantemente peleaba contra mí. Tío sacaba de vez en cuando un colín si no dejaba en paz a su hija, no lo hacía por ella, ni por la buena moral, sino por los cinco y diez dólares que le llegaban en cada carta. Se complicó más la relación familiar. Julia se mudó con sus padres y tú mi viejo me dabas  fuerza y valor, siempre fuiste un ser bondadoso y dispuesto al sacrificio; no me dejaste solo. Los meses sin ella era un cielo sin ángeles y sin Dios. Estaba incómodo, era un pobre diablo lleno de ansiedad queriéndole demostrar a los demás que mi vida estaba llena de amor sin Julia. Esa actitud me enfermaba. Empecé a tomar, cada botella de alcohol sacaba el sufrimiento más profundo de mi alma,  había maldecido tanto que creo haberla perdido, lo sacaba de allá, de aquel abismo oscuro y desdichado que estaba en mí. Así quería estar, que Julia supiera de mi sufrimiento. Varias veces recibí correspondencia en papelitos, recuerdo uno. “Mi amor no tome más, cada vez que me encuentro contigo así borracho, siento que mi amor por ti va muriendo. Siempre te he amado por ser alegre y trabajador”. Hasta tú mi viejo me admiraba por trabajador. El taller estaba abandonado y decidiste venderlo. Desde ese día el dinero escaseaba y era difícil un trago. Pensé, dejar la bebida y reconciliarme con la familia, ser más astuto y engañar a todos para verme a escondida con la mujer de mis sueños. Era tarde mi viejo, Julia estaba embarazada de Luis, de ese maldito que tanto golpes no habíamos dado desde niño. Él la mudó y Carlos Manuel dejó de escribir y de mandar los dólares. Tú casi enloqueciste al ver que nuestra casa hipotecada se iba a perder. Lloraste, hasta mamá lloró y nunca la había visto llorar. Yo enloquecí y vendía los ajuares de la casa y tomaba. Cada día era una eternidad, no llegaba el día de mi felicidad. Tomaba, tomaba mientras tú paseabas con tu nieta buscando ayuda con tus viejos amigos del Ayuntamiento, ninguno te pudo ayudar, ni el ex – síndico, ni la suerte. Desde lejos veía que lloraba en la habitación abrazando a tu nieta, abrazando quizá a mi hija, abrazando a la niña que yo nunca amé por estar buscando el amor de su madre. La niña era el único trofeo de amor en la familia. Tú lo sabías y la abrazaba junto a mamá cada vez que llegaba la mensualidad para el pago. Mamá escribía, todos los días mandaba sus cartas; pero Carlos Manuel no respondía.
Una noche enloqueciste, tenía que entregar la casa, el hogar de tu vida, el hogar que siempre soñaba con tu escobillón  al hombro barriendo cada calzada y contén de cada barrio y sin ton ni son te sonríe la suerte, el número sesenta y  siete te da lo soñado. No había forma, tus sueños no eran pesadillas sino la misma vida despedazándote poco a poco. Tomaste cada uno de los recibos de pago de la hipoteca y con ellos incendiaste la casa, la gasolina distribuía las llamas mientras los gritos despertaban desde el fondo de mi conciencia embriagada, el pánico. Despertó en mí el temor a la muerte, aunque era ya un muerto que pasaba por la vida sin ton ni son. El incendio sumergía a la altura hacia la iluminación de sus llamas que a la vez me quemaba los ojos. En verdad, no desperté por los gritos, lo hice porque los ratones cruzaron sobre mí,  escuché la voz de mi madre. Lloré, mamá donde está... donde está... Lo busqué a ambos y no los encontrabas, sólo escuchaba las voces  de auxilio pero no podía hacer nada, el aire se desvanecía, el humo me provoca tos y mi piel no resistía el calor y me desmayé. No, no me había desmayado, vi  a los bomberos socorrerme. Todo quedó en cenizas y con los muros ennegrecidos. Los amigos me decían que te sentabas a llorar y sin comer frente a la ruina. Mientras tú añorabas lo perdido papá, yo cumplía condena de veinte años. Por la ventana de la prisión observaba un edificio en construcción, “miren muchacho, a tres manzanas de allí vivía yo”. Los presos no se inmutaban; pero yo seguía mirando y traté de olvidar. No a mi madre que tanto lloró en el juicio pregonando mi inocencia. No pude olvidar a Julia y a tu nieta.
Las prisiones son duras, dicen que son para reformar y educar a los delincuentes. Solos los presos saben que están para castigarnos. Lo peor de la prisión no era estar enclaustrado sin salir al patio,  era que cada domingo nunca llegaba visita. Las madres nunca abandonan a sus hijos sin importar si es un desgraciado; pero mi madre nunca fue, estaba enferma. Ocho años después  me enteré de su muerte. Ese día lloré porque me parecía que había muerto en ese instante. Me acerqué a la ventana gritando, mamá... y  vi un perro flacucho y sarnoso que buscaba de comer en un basurero, yo seguía gritando y llamaba a mi madre, ay madre mía no sabes cuantos te amé, ese día quería ser aquel perro y correr a donde ustedes, no quería se un perro para ser libre. Sin importar donde estuviera, sólo quería estar con ustedes papá, quería levantarte de esa esquina frente a la ruina de nuestro hogar y llevarte a volar chichigua, boxear y verte reír mi viejo. Pero no;  mientras gritaba la muerte de mamá nada más escuchaba la queja del provot.
No piense que hoy te recuerdo sólo porque he salido de la cárcel o porque los mendigos tengan algún significado para mí, no papá. Lo que pasa es que hace media hora que te di la limosna y al no reconocerme porque tiene tu único ojo casi ciego por la quemadura, me ha cogido con llorar y recordar los buenos y los malos tiempos. Hace un rato cuando venía hacia acá recordaba la canción. Mi pueblo ya  no es pueblo/ es una ciudad cualquiera/ con los edificios altos/ y con largas carreteras./ Mientras tarareaba vi a los lejos en una tienda de variedades a Julia ¿Quién podía saber el daño que nos hizo? Ahora te veo sentado en ese lugar donde estaba nuestra casa,  detrás de ti una gran tienda de electrodomésticos y un señor fuerte de unos cuarenta y cinco años abrazándote y riéndose contigo. Te montas en su Mercedes Bentz y el hombre se detiene y mira a su alrededor con añoranza, de su cuello pende una cadena enorme y un medallón que dice Carlos. Adiós mi viejo, al fin has atrapado la suerte a tus sesenta y siete años de edad. Que te vayas bien y acuérdate que la vida normal es una falsa, no podemos seguir las ideas ajenas de hombres y mujeres plastificados por la sociedad. Viejo, aunque sean nuestros hijos.



































sábado, 8 de septiembre de 2012

Escritores noveles, no tienen quien les publique



Facilitador: Ángel García
Fuente: Listín Diario, 1 de septiembre 2012
Santo Domingo

LOS AUTORES EMERGENTES CONFRONTAN GRANDES DIFICULTADES PARA PUBLICAR SUS OBRAS

Por largo tiempo la literatura tradicional dominicana ha estado dominada por los escritores del ayer, quienes impusieron una tendencia literaria que todavía se mantiene vigente.
Los autores de letras de la presente generación tienen que romper con los modelos tradicionales para poder abrirse campo en el mundo de la literatura. Muchos consideran que la originalidad, creatividad, dominio de lo cotidiano y la habilidad de sorprender a los lectores son algunos de los elementos que debe poseer un escritor para sobresalir ante sus contemporáneos.
Hay quienes entienden que para publicar un libro sólo hay que tener dinero pues las casas editoras no toman en cuenta la calidad del trabajo, ni si el escritor rompe con una tendencia en la literatura o si es novedoso dentro de su género.  
Promesas de la  literatura

Rodolfo Báez es autor de letras desde muy joven, tres de sus obras han visto la luz pública, aunque la mayor parte de sus escritos aún permanecen en el anonimato. “Aquí es más difícil publicar que escribir, pues para publicar se necesita el apoyo de una casa editora y no siempre se logra contar con una, que esté dispuesta a apoyar a los nuevos talentos”, explica el joven escritor.
Aunque se considera narrador dice tener alguna vena de poeta, pues también ha  cultivado la poesía. En este género escribió el libro “Dedicaciones”, en el cual realiza una serie de poemas con dedicatorias diversas, obra que todavía no ha logrado publicar. 
Entre los escritos de Báez que han sido publicados por casas editoriales se encuentran: “El silencio de mi alma”, “Versos en arte menor” y “El hombre de los 100 corazones”; mientras que “El jaque a la dama”, “La Mejiquita” y “La hija del comandante” no han conocido sello editorial.
“Como escritor me resulta difícil definir mis obras, quizás no exista similitud de uno de mi relato a otro, lo que trato de hacer en cada una de mis publicaciones es ofrecer al lector una historia diferente que no se parezca en nada a la anterior”, manifiesta.
Jolaine Mojica es una estudiante de comunicación, quien pertenece al grupo “Nueva narradoras sancristobalense”, incursionó  en la literatura movida por su amor a las letras. “Aunque tengo muchos escritos no he logrado publicar ninguno, pues  para ello se necesita cierta cuota económica de la cual uno no dispone”. 
Mojica sostiene que el trabajo de los jóvenes escritores principalmente el de aquellos que viven en los pueblos del interior no es tomado en cuenta como el de los escritores establecidos o el de los que viven en la capital. 
“Pienso que el Ministerio de Cultura podría desarrollar una mejor política con respecto a los talleres literarios provinciales para que podamos tener mayores oportunidades”.  
A sus 23 años ha producido los siguientes cuentos: “No lo mauye nunca”, “El exorcismo”, “Niña toten”, y muchos otros relatos que aguardan en espera de ser publicado.
David Alejandro Sena es uno de los noveles escritores oriundo de Barahona, es instructor de los talleres literarios “Mi barrio en letras”. Sena manifiesta que tras haber realizado importantes trabajos literarios aún no ha conseguido el apoyo de una casa editora.
“Hay un decir que reza que el papel de todo escritor es tratar de retratar la sociedad en la que vive, consciente de esa situación trato de que mis creaciones estén conectada con el presente, con la cotidianidad y sobre todo, impregnada de frescura”.
Para mucho Sena es una de las grandes promesas que tiene la narrativa dominicana. En la literatura nacional Sena ha logrado cultivar ingeniosos micro relatos donde rompe con los paradigmas existentes. Sorprendiendo a los lectores con títulos largos, mientras que el cuerpo es una frase corta.  
Para Yaina Melissa Rodríguez, el cuento es el género con el que se siente más identificada. Dice que este le da la oportunidad de inventar, de crear personajes y sobre todo le permite usar su capacidad imaginativa al máximo.
En concepción de la novel narradora, la literatura permite que las personas sean más crítico de la sociedad, “La lectura es como la llave del conocimiento. Nosotros en la FLAM alfabetizamos a través de la poesía”. 
Un pueblo sin lectura

“La mayor dificultad que tiene un escritor de esta época es nacer en un pueblo donde nadie lee, para yo publicar mi libro tuve que ganar un concurso”, explica Yaina recurriendo a grandilocuentes epítetos y un léxico bastante fluido.
Yaina critica el hecho de que muchas personas consideren la lectura una forma de llevar a las personas hacia la demencia. “Deja mucho que desear el tipo de sociedad en que nos ha tocado vivir. Cuando algunas personas ven que uno lee mucho, nos dicen que terminaremos locos”. 
Una postura similar mantiene Báez cuando expresa que al dominicano común no le gusta leer. “Es fácil  observar nuestra gente con cualquier cosa en las manos, pero es difícil verlo con un libro. También considero que falta mayor apoyo de parte de las autoridades para que más jóvenes con talento, pero con pocos recursos puedan publicar sus obras”.
Algunos critican el hecho  de que la literatura haya  tenido que auxiliarse de las imágenes para que los lectores no se aburran. 
Obstáculo de un escritor 

Muchos de los escritores emergentes coinciden en que a pesar del talento que se pueda tener  no es fácil lograr sobresalir en el ámbito literario, la mayoría coincide en que las casas editoras no le dan el apoyo necesario para publicar sus trabajos.
Otros de los elementos que dificulta que los escritores de la presente generación puedan publicar sus obras es la falta de políticas por parte de las autoridades del Ministerio de Cultura. 
Desde la perspectiva de algunos escritores la gente hoy día lee menos que en el pasado, pues hay muchos recursos tecnológicos que lejos de motivar la lectura lo que provoca es distracción en los lectores.
Mientras que David Sena señala que una de las mayores dificultades es ser nuevo, explica que en algunos concursos literarios se premia a los participantes por el solo hecho de tener un nombre, sin tomarse  en cuenta otros elementos como la calidad del trabajo presentado. “Si sólo se le da apoyo a los escritores establecido cómo se producirá un relevo generacional” sostuvo Sena.
Algunos critican que en las antologías que publica el Ministerio no se valoran los trabajos de los jóvenes dándole mayor importancia a las obras de los escritores tradicionales.

          UNA ESCRITURA JOVEN

Contar con el respaldo de políticas que incentiven el apoyo a los escritores nuevos, es el anhelos de muchos autores de letras, todos coinciden en que el Ministerio de Cultura debe motivar un programa que produzca el relevo generacional que tanto se necesita. 
Hay quienes plantean que las universidades del país también deberían incentivar los concursos y talleres literarios para que sus estudiantes sean los participes.
“Yo entiendo que entre mis contemporáneos hay muchos jóvenes talentosos que sólo necesitan un poco de incentivo para demostrar que ellos son los merecedores de relevar a la generación  anterior”, son palabras de Yaina.

lunes, 3 de septiembre de 2012

XVI Aniversario del Taller de Narradores de Santiago


El Taller de Narradores de la ciudad de Santiago de los Caballeros de la República Dominicana, se fundó el 3 de septiembre del año 1996 en los salones de Casa de Arte y es el primer taller de narrativa en la historia de la literatura dominicana. Fue creado por Ubaldo Rosario Taveras y Máximo Vega. Plantearon la idea de crear un grupo que se encontrara semanalmente, pero cuyas intenciones no fueran las de leer poesía, sino narrativa, puesto que ambos eran narradores y todos los talleres de la ciudad estaban dirigidos a la poesía. La semana siguiente se integró Andrés Acevedo. Todavía el taller no tenía este nombre. Una semana después llegaron Puro Tejada y Gregorio Almonte (El Ruso), y Puro propuso el nombre, que es el que se ha quedado. Empezaron a llegar más miembros: efímeros, muchos, y otros que asisten desde el principio. Ha habido escisiones, desmembramientos, diferencias, pero lo mueve un fin primordial, por encima de cualquier egoísmo personal o necesidad de notoriedad: la literatura. Del Taller han salido varios nombres ya conocidos en las letras nacionales, o que empiezan a darse a conocer (es notable que algunos de los más importantes sean femeninos): Andrés Acevedo y Puro Tejada, que realmente son poetas, pero que han pertenecido al taller desde el principio; Rosa Silverio, que ahora vive y hace gestión cultural en España; Luis Córdova; Altagracia Pérez, que se casó en Eslovaquia; Aura Franco, Sandra Tavárez; Marlon A. González, Miguel Cabrera, Napoleón Peña, Guensy Pierre, Mariela Fermín, Johanna Díaz; Ubaldo Rosario, Máximo Vega; Víctor Estrella, que ha sido de los últimos en llegar y al mismo tiempo es uno de los integrantes más fieles; Sandy Valerio; Israel Área, Gregorio Almonte (El Ruso); Mito Núñez; Nelson Julio Minaya, ya fallecido, etc. Nombres que se escapan, escritores de otros países que han vivido en Santiago y han asistido regularmente al taller, escritores dominicanos que asistían al taller pero que ya no están en la República Dominicana. La actual fiscal de Santo Domingo y antes de la ciudad de Santiago, Jenny Berenice Reynoso, periodistas como Mercedes Guzmán., escritores en ciernes que se han marchado a Nueva York y se los ha tragado la ciudad... porque cada miembro del taller, si aún no lo sabe, continúa siendo miembro por los siglos de los siglos, aunque ya no asista a un grupo que se prestigia con esos nombres, no al contrario.

Ha recibido a los escritores Virgilio Díaz Grullón, José Acosta, César Zapata, Pedro Valdez, Emelda Ramos, Avelino Stanley, Manuel Llibre, Nan Chevalier, Eugenio Camacho y algunos escritores han participado un solo día en el taller, y no han regresado más. Han visitado al taller miembros del DNI, (Departamento Nacional de Investigaciones) escritores de novelas de vampiros y autores de libros de autoayuda. Sin esa apertura tan total, seguramente el taller hace ya mucho
tiempo que hubiese desaparecido.

El Taller de Narradores de Santiago puede ser considerado el grupo literario más sólido que tiene la ciudad de Santiago de los Caballeros, con una obra continua que intenta introducir valores literarios en nuestro ambiente cultural. En el 2000 publicó la primera antología de cuentos "Para Matar la Soledad", con portada del pintor Leo Núñez, ya fallecido. En el 2010, publicó la segunda antología "y éste era el principio", que contiene cuentos de 15 de sus miembros. Hay un taller en la capital que se llama "Taller de Narradores de Santo Domingo", en honor al de la ciudad de Santiago de los Caballeros.

El Taller Literario Virgilio Díaz Grullón del CURSA-UASD le hizo un reconocimiento. También el II Festival Nacional de Narrativa y la revista Mitos, reconocieron al Taller de Narradores de Santiago y es que todos los reconocimientos al taller se deben a la perseverancia, a la terquedad. Antes se reunían en Casa de Arte, hoy lo hacen en el Centro de la Cultura de Santiago. La intención de todos los miembros del taller que asisten regularmente cada sábado, es la de juntarse cada semana y hablar de literatura, nada más. En una ciudad y en un país en el que existen tan pocos lugares para dialogar sobre arte, el taller ha tratado de construir un espacio.
El Taller de Narradores de Santiago concentra sus intensiones en un solo género: La narrativa. Uno de los objetivos del Taller es el de descubrir escritores cuya vocación sea de narrar, no la de hacer poesía, en un ambiente repleto de poetas y de grupos literarios dirigidos estrictamente a poetizar. El Taller descubrió después de tantas reuniones, que el hecho de que un grupo artístico se defina por un género específico significa una evolución que ayuda en la formación de sus miembros, que no dispersan sus intereses.
Los miembros mantienen un coloquio semanal que nunca ha decaído, que les permite verse, saludarse y olvidar por unas horas la vacuidad cotidiana, el sin sentido de siempre en un país donde la labor escritural es una actividad prácticamente clandestina; que le permite conversar sobre arte, y sobre maestros. Este es un grupo que se encuentra no solamente en las palabras, en la Literatura, en el Arte, sino también en la amistad de compañeros que comparten una vocación. Y quizás, por esa ausencia de intenciones que no sean el amor a la literatura, el sentir un gran vacío sino hablamos sobre literatura, el taller ha sobrevivido tanto tiempo, y por eso empiezan a premiarlo: debido a la perseverancia, a la terquedad.
Cada premio en un certamen literario es un logro individual y a la vez colectivo. Tres de los escritores que participaron en la primera antología “Para matar la soledad”, sus cuentos fueron traducidos al Italiano. Y otros antólogos han seleccionado cuentos para incluirlo sus antologías.
En cuanto a los certámenes literarios: ha logrado varios primeros lugares en el Concurso de Radio Santa María y cuatro menciones, en diferentes certámenes del mismo concurso. El primer lugar en Puerto Plata en la Fundación Renovación, dos primeros lugares en la Alianza Cibaeña, primer lugar en cuentos en la Universidad del Este. Primer lugar en la categoría de cuento y novela de la Funglode. Primeroslugares en ensayo de los concursos de la Biblioteca Amante de la Luz y de la Embajada de Francia. Tres menciones en concurso de cuentos sobre el tema de béisbol de la Secretaría de Estado de Cultura. Y menciones en el concurso literario del Obispado de Higüey. Una mención de honor en el Premio Miguel ángel Asturias, auspiciado por el Parlamento Centroamericano. Tres de nuestros miembros fueron reconocido con el premio “Joven Intelectualidad”, por el Taller Virgilio Díaz Grullón de Cursa – Uasd. Dos de sus miembros han sido jurado de concurso de ensayos y cuentos. El Taller de Narradores de Santiago ha dado conferencias y recitales de Cuentos en varias Ferias del Libro. Seis de los integrantes tienen libros publicados de cuentos y novela.
El Taller de Narradores no solo se dedica a hablar sobre narrativa para los miembros. Hay otras actividades que ha realizado conjuntamente con Casa de Arte: el primer recitar de cuentos cortos en el país en el Centro Hispánico en Santo Domingo y Casa de Arte en Santiago. Conferencias sobre el Quijote y las novelas ejemplares, Carlos Fuentes, Milán Kundera, entre otros. Ha organizado conferencias con intelectuales invitados sobre el tema: Judas Iscariote, el calumniado y David, biografía de un Rey, del escritor dominicano Juan Bosch. Ha proyectado vídeos de entrevistas de: Borges, Cortázar, Onetti, Rulfo entre otros. Al igual que películas basadas en obras literarias tales como: Rebelión en la GranjaLa Naranja Mecánica, Muerte en Venecia, el Callejón de los milagros etc.