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jueves, 27 de septiembre de 2012

MI VIEJO (Cuento)



Ubaldo Rosario Taveras

A: René del Risco Bermúdez

Viejo mi  querio viejo
ahora ya caminas lerdo
como perdonando el tiempo
yo soy tu sangre mi viejo
soy tu silencio y tu tiempo.
Piero.

Cuando olvidaba las miradas de los sueños  te veía a ti papá despertándome a las seis de la mañana y te ibas a trabajar. En mi cuerpo aun sentía el suspiro dormilón junto a la cama y al insistir mamá de que me levantara ya desayunando estaba Carlos Manuel y listo para ir a la escuela. Por las mañanas corríamos para tener las primeras butacas, entonces antes de llegar a la escuela te veíamos laborar, era gracioso papá, con aquel mameluco desteñido que decía en tu espalda “Ayuntamiento Municipal”. Muchas veces te asustaba como en otras ocasiones te enojabas cuando Carlos Manuel te golpeaba con las cascarillas de naranjas, tú les pedía las gomitas y lo regañaba con no darle dinero. Carlos, embriagado de risas decía que era para matar lagarto en la escuela, entonces te ponías cariñoso y nos daba suficiente para el recreo. Luego sin ton ni son levantaba el palo del escobillón y ordenaba no correr, pero corríamos papá.  Los viernes te encontrábamos bien vestido y preparado para ir a jugar dominó con tus amigos. Te recuerdo, porque hoy he aprendido a valorar a los mendigos, entonces rememoro el eco de tu voz a lo lejos diciéndome “dale duro en la cara, no voltee el rostro cuando te den”. Pasaba un asalto  y veía tu rostro con aquel ojo fijo en mí. “Peléale cuerpo a cuerpo”. Volvía y revisaba mis guantes, sí que me animaba papá. “Dale un upper cut,” y yo casi corría porque Luis era mucho mayor y fuerte. Insistía de nuevo pregonando, “un jab en la cara, Luis es un pendejo”. La pelea terminaba al enterarse mamá que tú apostabas a mi favor y tomado del brazo me sentaba junto a ella mientras cosía la ropa por encargo de alguna vecina. Desde la ventana veía el espectáculo del barrio,  gritaban los muchachos  y tú animabas a Carlos Manuel. Librado, víctor, Eddy, Juan, Julio y Sandi, estaban listos para  la competencia. Entre risas limpiaba la gafa oscura y la colocaba en tu cara como si fuera ella un miembro de tu cuerpo. Sin la gafa era ver otro hombre con la mirada astuta de un cíclope.
La seis de la tarde, mamá mandaba a comprar carbón y cuaba ordenándome encender el anafe, pero tardaba porque Carlos Manuel se preparaba a salir, tenían que darle la vuelta a la manzana y de súbito sacaba la cabeza del comercio y te veía mi viejo, levantando y trasladando a mi hermano entres tus hombros, cambiaba cinco pesos en cheles y reunía a los muchachos. Yo corría con la lata del carbón, en muchas ocasiones no me daba tiempo de llegar a casa y regresar. Esperaba, de momento los centavos  bajaban cuando los sonidos mágicos del metal despertaban mi avaricia y golpeaba por tomar uno, dos o tres cheles. Luchando contra Luichi o Joselo y los demás corrían hacia otro lado buscando la lluvia de monedas. Feliz me levantaba escuchando mi nombre y huía a la casa antes que mamá me llamara de nuevo. Al enterarse ella de tu paradero con el radio de pila esperando que Las Águilas Cibaeñas ganaran, me dejaba salir. Antes que la noche se desplomara, los muchachos nos reuníamos a jugar belluga. Dos cheles con el rostro de Lincoln lo utilizábamos para comprar uno de palmita, era una reliquia un chele de palmita  y si la fecha era vieja de años atrás, dábamos tres. Los centavos con la efigie de Duarte o Caonabo, valían más que lo de Lincoln; pero al fin todos los perdíamos en el juego o algún jalao o riqui taqui cuando pasaba tío.
Afeitándote en una ocasión me gritaste enojado y me devolviste a correazo a buscar el vuelto donde el pulpero. Como quisiera que ahora me reconociera, pero no lo hará, estoy más fuerte y viejo. Mi cabeza está poblada de canas y he perdido varios dientes. Tantos años sin ver el sol ha blanqueado mi piel y no hay forma de que reconozca aquel muchacho que te sacaba las caspas mientras escuchaba la radio. “Mil doscientos veintinueve,  ciento cincuenta pesos, ochocientos veinte, ciento cincuenta pesos, trescientos treinta y uno, ciento cincuenta pesos, mil novecientos sesenta y siete, Premio Mayor, uno, nueve, seis, siete. Premio Mayor, mil novecientos sesenta y siete. Premio Mayor, sesenta y siete”. Te levantaste de alegría y los vecinos estaban con una gran algarabía en la puerta de la casa, sabían que tú tenías cinco años jugando ese número abonado y no tardaste  en comprar la casa donde vivíamos alquilados y la construiste de blocs. Mamá dejó de hacer los dulces y Carlos se alegró de no venderlo más, hasta tío dejó de vender los Riqui taquis que tú y él preparaban en las noches. Ese día cambió nuestra vida, Carlos Manuel tuvo su primera bicicleta pero no dejaba de fugársele a tío en la de carga y burlarse de él.
Sesenta y siete, a partir de ese número sentí que los años pasaban más rápidos, sin darnos cuentas éramos hombres, decían que éramos adolescentes, pero Carlos Manuel y yo sabíamos que éramos hombres. Hasta nos caíste  a trompadas y me sorprendí que no usaras la correa y todo porque nuestra prima tenía amores escondido con los dos. Carlos y yo, celosos, no aceptábamos que estuviera con el otro y con los golpes sentimos que mamá se iba enterar, le temíamos tanto que decidimos compartirla. Pero lo que Carlos Manuel no sabía era que mientras él dormía,  Julia se entregaba así todita  para mí solo. Era emocionante verlo dormir cuando  me excitaba con los gemidos de mi prima, era hermoso sentir su cuerpo desnudo templando contra el mío. Un día se descubrió el embarazo. El miedo me dividió en dos, estaba tan asustado que sentía el mundo en mi espalda. En el taller  avanzaba en el trabajo lentamente y me daba a las risas, esa parte de mí me gustaba, pues estaba lejos de las preocupaciones. Al llegar a la casa, la otra parte de mí me golpeaba, sentía como si una agujeta me agujereaba el estómago, Julia me miraba y mi corazón sangraba, parecía como si alguien le cayera a patadas. Era horrible actual así enseñando un rostro no acostumbrado al engaño. Trataba de buscar el otro lado de mí y aliarme a la tranquilidad, y no lo lograba. Sólo servía para disecar la realidad en una calma  que no existía en mí. Sin darme cuenta te acercarte a mí papá y dijiste lo que te dijo una vez tu amigo el Síndico que asumiera una actitud  conformista cuando no podía resolver una crisis porque la reacción de la vida normal es una falsa, que no tratara de seguir ideas ajenas de hombre y mujeres plastificado por la sociedad. Mi viejo, no comprendí sobre el significado de hombres y mujeres plastificado, pero me sentí contento cuando el mundo no estaba en mi espalda. Decidí hablar con tío y en ese momento Carlos Manuel saltó de alegría junto a él que insultaba a mamá, afirmando que no debió dejar ir a su hija a vivir a nuestra casa y ayudarla en los oficios. Nunca imaginé que mientras trabajaba en el taller, mi hermano y Julia se bañaban juntos. Imaginé todo lo que se puede hacer en el baño y especialmente con mi prima. Siete meses después, Julia estuvo de parto. Ll bebé era hermosa, Julia nunca pudo decirme quien era el padre. La niña se parecía a los dos y Carlos y yo teníamos el mismo tipo de sangre.  La prima y mi hermano se mudaron, me sentí solo y le insistía a mamá de que lo convenciera. No lo logró, a mi hermano los celos le carcomían el estómago. Desde ese día me di a la bebida. Embriagado tuve una revelación, la vida se vive sola, independientemente de nosotros. El mundo circundante era un absurdo, me gustara o no.  Julia no era una mujer, era una diosa, recordarla era idolatrarla con una botella de agua ardiente. Una mañana te enteraste de la huida de Carlos Manuel a Puerto Rico. La yola naufragó, muchas personas ahogada y desaparecidas. Mamá lloraba contando entre sus dedos las bolitas de un rosario. Julia pregonaba “se lo dije”. Tú no soportaste que en la noticia informaran lo sucedido. Buscaste a tío, se marcharon a Nagua y regresaste con él, fue un milagro. La familia lo besaba y le aconsejaba. Yo estaba solo y borracho mirando como Julia lo abrazaba y acariciaba. Estaba solo y abandonado mirando a la familia admirándolo. Estaba solo, sin mi cuerpo, sin mi voluntad. Solo con una botella en la mano. Solo, acompañado de una botella vacía, una botella que me había dado el poder de ser lo que era, un amargado. Entre las alegrías te veías corretear con la nieta, traté de pararme y caí hiriendo los codos. Mamá se acercó y sollozando me decía en mis oídos, “no beba más, mira el cielo, allá el altísimo te concederá pronto una buena mujer”. Yo levanté el rostro al firmamento y recordé  cuando tú nos hiciste las chichiguas, la de Carlos Manuel se reventó  y corrimos en busca de ella, pero nadie la pudo atrapar, ella cayó allá en la finca de Pacheco entre esas matas de cambrones llenas de espinas. Mamá me abrazaba  en el suelo y trataba de limpiarme las heridas y sonreí. Lo hice porque fue igual cuando monté en mi propio carrito de cajebola, tú lo había hecho para los dos. Los muchachos y yo echábamos competencia y el ruido desde la calzada molestaba a los vecinos y al salir uno de ellos que siempre nos echaba agua, yo traté de pararme en plena velocidad, lo hice y me fui de boca. Me rapé los codos  y  los labios, tú mi viejo, mandaste a comprar mentiolé, yo gritaba, ay... papá ya no me duele, papi, te digo que no me duele. Carlos Manuel se revolcaba de la risa. Sí que me hizo reír el recordar mi infancia, mamá se dio cuenta y con ternura me abrazó más fuerte. Mi vida cambió, esta vez regresaba a los estudios, te había prometido terminar el último año del bachillerato. La razón de mi nueva actitud, fue por la promesa a Carlos Manuel de conseguirle Visa, nadie lo sabía, estaba contento, si mi hermano salía del país, yo podía volver con Julia. Los meses transcurrían y un día visitó nuestra casa aquel quien fuera una vez Síndico en los tiempos cuando trabajabas en el Ayuntamiento Municipal. Lograste junto a él la Visa de Carlos Manuel. Qué alegría, se hizo un baile y mientras gozaban, en la oscura habitación, aquella que había compartido desde  la niñez con mi hermano, ahí donde unos años antes había perdido la inocencia, me reconcilié con Julia. Al claudicar la fiesta, reuniste a la familia y nos informaste de la hipoteca. La misión de Carlos Manuel, era trabajar y mandar dólares, lo suficiente y no perder la casa. Mi misión fue trabajar y mantener la familia, con esos fines alquilaste un terreno y compraste las cajas de herramientas. Fue lindo mi viejo, obsequiarme un taller.
Al emigrar Carlos del país, me aconsejaste, has esto y lo otro. Especialmente no podía seducir a mi prima. La familia la vigilaba, y cada día que pasaba era yo más temperamental, solitario y contradictorio. Controlaba a mi cuñada de una manera enfermiza. Nos veíamos fuera de la ciudad. Luego me sentí poseído de un apetito amoroso, fuerte y sano. Soñaba con una vida profesional e ir a la universidad. Tú mi viejo te oponías a ese modo de vida, me hablaba de Carlos Manuel, de mi madre, de los dólares, de no desear la mujer ajena. Pero quería estar con ella, Julia me transformaba en un ser encantador y gracioso; aunque en mí interior era duro y no aceptaba ningún compromiso. Eso siempre le molestó a mi prima, reprochaba que yo debiera ser su marido, fui el  primero en saber del embarazo y me lo había dicho para que la tomara como mujer. Pero no lo hice, ahora recuerdo a la familia, constantemente peleaba contra mí. Tío sacaba de vez en cuando un colín si no dejaba en paz a su hija, no lo hacía por ella, ni por la buena moral, sino por los cinco y diez dólares que le llegaban en cada carta. Se complicó más la relación familiar. Julia se mudó con sus padres y tú mi viejo me dabas  fuerza y valor, siempre fuiste un ser bondadoso y dispuesto al sacrificio; no me dejaste solo. Los meses sin ella era un cielo sin ángeles y sin Dios. Estaba incómodo, era un pobre diablo lleno de ansiedad queriéndole demostrar a los demás que mi vida estaba llena de amor sin Julia. Esa actitud me enfermaba. Empecé a tomar, cada botella de alcohol sacaba el sufrimiento más profundo de mi alma,  había maldecido tanto que creo haberla perdido, lo sacaba de allá, de aquel abismo oscuro y desdichado que estaba en mí. Así quería estar, que Julia supiera de mi sufrimiento. Varias veces recibí correspondencia en papelitos, recuerdo uno. “Mi amor no tome más, cada vez que me encuentro contigo así borracho, siento que mi amor por ti va muriendo. Siempre te he amado por ser alegre y trabajador”. Hasta tú mi viejo me admiraba por trabajador. El taller estaba abandonado y decidiste venderlo. Desde ese día el dinero escaseaba y era difícil un trago. Pensé, dejar la bebida y reconciliarme con la familia, ser más astuto y engañar a todos para verme a escondida con la mujer de mis sueños. Era tarde mi viejo, Julia estaba embarazada de Luis, de ese maldito que tanto golpes no habíamos dado desde niño. Él la mudó y Carlos Manuel dejó de escribir y de mandar los dólares. Tú casi enloqueciste al ver que nuestra casa hipotecada se iba a perder. Lloraste, hasta mamá lloró y nunca la había visto llorar. Yo enloquecí y vendía los ajuares de la casa y tomaba. Cada día era una eternidad, no llegaba el día de mi felicidad. Tomaba, tomaba mientras tú paseabas con tu nieta buscando ayuda con tus viejos amigos del Ayuntamiento, ninguno te pudo ayudar, ni el ex – síndico, ni la suerte. Desde lejos veía que lloraba en la habitación abrazando a tu nieta, abrazando quizá a mi hija, abrazando a la niña que yo nunca amé por estar buscando el amor de su madre. La niña era el único trofeo de amor en la familia. Tú lo sabías y la abrazaba junto a mamá cada vez que llegaba la mensualidad para el pago. Mamá escribía, todos los días mandaba sus cartas; pero Carlos Manuel no respondía.
Una noche enloqueciste, tenía que entregar la casa, el hogar de tu vida, el hogar que siempre soñaba con tu escobillón  al hombro barriendo cada calzada y contén de cada barrio y sin ton ni son te sonríe la suerte, el número sesenta y  siete te da lo soñado. No había forma, tus sueños no eran pesadillas sino la misma vida despedazándote poco a poco. Tomaste cada uno de los recibos de pago de la hipoteca y con ellos incendiaste la casa, la gasolina distribuía las llamas mientras los gritos despertaban desde el fondo de mi conciencia embriagada, el pánico. Despertó en mí el temor a la muerte, aunque era ya un muerto que pasaba por la vida sin ton ni son. El incendio sumergía a la altura hacia la iluminación de sus llamas que a la vez me quemaba los ojos. En verdad, no desperté por los gritos, lo hice porque los ratones cruzaron sobre mí,  escuché la voz de mi madre. Lloré, mamá donde está... donde está... Lo busqué a ambos y no los encontrabas, sólo escuchaba las voces  de auxilio pero no podía hacer nada, el aire se desvanecía, el humo me provoca tos y mi piel no resistía el calor y me desmayé. No, no me había desmayado, vi  a los bomberos socorrerme. Todo quedó en cenizas y con los muros ennegrecidos. Los amigos me decían que te sentabas a llorar y sin comer frente a la ruina. Mientras tú añorabas lo perdido papá, yo cumplía condena de veinte años. Por la ventana de la prisión observaba un edificio en construcción, “miren muchacho, a tres manzanas de allí vivía yo”. Los presos no se inmutaban; pero yo seguía mirando y traté de olvidar. No a mi madre que tanto lloró en el juicio pregonando mi inocencia. No pude olvidar a Julia y a tu nieta.
Las prisiones son duras, dicen que son para reformar y educar a los delincuentes. Solos los presos saben que están para castigarnos. Lo peor de la prisión no era estar enclaustrado sin salir al patio,  era que cada domingo nunca llegaba visita. Las madres nunca abandonan a sus hijos sin importar si es un desgraciado; pero mi madre nunca fue, estaba enferma. Ocho años después  me enteré de su muerte. Ese día lloré porque me parecía que había muerto en ese instante. Me acerqué a la ventana gritando, mamá... y  vi un perro flacucho y sarnoso que buscaba de comer en un basurero, yo seguía gritando y llamaba a mi madre, ay madre mía no sabes cuantos te amé, ese día quería ser aquel perro y correr a donde ustedes, no quería se un perro para ser libre. Sin importar donde estuviera, sólo quería estar con ustedes papá, quería levantarte de esa esquina frente a la ruina de nuestro hogar y llevarte a volar chichigua, boxear y verte reír mi viejo. Pero no;  mientras gritaba la muerte de mamá nada más escuchaba la queja del provot.
No piense que hoy te recuerdo sólo porque he salido de la cárcel o porque los mendigos tengan algún significado para mí, no papá. Lo que pasa es que hace media hora que te di la limosna y al no reconocerme porque tiene tu único ojo casi ciego por la quemadura, me ha cogido con llorar y recordar los buenos y los malos tiempos. Hace un rato cuando venía hacia acá recordaba la canción. Mi pueblo ya  no es pueblo/ es una ciudad cualquiera/ con los edificios altos/ y con largas carreteras./ Mientras tarareaba vi a los lejos en una tienda de variedades a Julia ¿Quién podía saber el daño que nos hizo? Ahora te veo sentado en ese lugar donde estaba nuestra casa,  detrás de ti una gran tienda de electrodomésticos y un señor fuerte de unos cuarenta y cinco años abrazándote y riéndose contigo. Te montas en su Mercedes Bentz y el hombre se detiene y mira a su alrededor con añoranza, de su cuello pende una cadena enorme y un medallón que dice Carlos. Adiós mi viejo, al fin has atrapado la suerte a tus sesenta y siete años de edad. Que te vayas bien y acuérdate que la vida normal es una falsa, no podemos seguir las ideas ajenas de hombres y mujeres plastificados por la sociedad. Viejo, aunque sean nuestros hijos.



































sábado, 8 de septiembre de 2012

Escritores noveles, no tienen quien les publique



Facilitador: Ángel García
Fuente: Listín Diario, 1 de septiembre 2012
Santo Domingo

LOS AUTORES EMERGENTES CONFRONTAN GRANDES DIFICULTADES PARA PUBLICAR SUS OBRAS

Por largo tiempo la literatura tradicional dominicana ha estado dominada por los escritores del ayer, quienes impusieron una tendencia literaria que todavía se mantiene vigente.
Los autores de letras de la presente generación tienen que romper con los modelos tradicionales para poder abrirse campo en el mundo de la literatura. Muchos consideran que la originalidad, creatividad, dominio de lo cotidiano y la habilidad de sorprender a los lectores son algunos de los elementos que debe poseer un escritor para sobresalir ante sus contemporáneos.
Hay quienes entienden que para publicar un libro sólo hay que tener dinero pues las casas editoras no toman en cuenta la calidad del trabajo, ni si el escritor rompe con una tendencia en la literatura o si es novedoso dentro de su género.  
Promesas de la  literatura

Rodolfo Báez es autor de letras desde muy joven, tres de sus obras han visto la luz pública, aunque la mayor parte de sus escritos aún permanecen en el anonimato. “Aquí es más difícil publicar que escribir, pues para publicar se necesita el apoyo de una casa editora y no siempre se logra contar con una, que esté dispuesta a apoyar a los nuevos talentos”, explica el joven escritor.
Aunque se considera narrador dice tener alguna vena de poeta, pues también ha  cultivado la poesía. En este género escribió el libro “Dedicaciones”, en el cual realiza una serie de poemas con dedicatorias diversas, obra que todavía no ha logrado publicar. 
Entre los escritos de Báez que han sido publicados por casas editoriales se encuentran: “El silencio de mi alma”, “Versos en arte menor” y “El hombre de los 100 corazones”; mientras que “El jaque a la dama”, “La Mejiquita” y “La hija del comandante” no han conocido sello editorial.
“Como escritor me resulta difícil definir mis obras, quizás no exista similitud de uno de mi relato a otro, lo que trato de hacer en cada una de mis publicaciones es ofrecer al lector una historia diferente que no se parezca en nada a la anterior”, manifiesta.
Jolaine Mojica es una estudiante de comunicación, quien pertenece al grupo “Nueva narradoras sancristobalense”, incursionó  en la literatura movida por su amor a las letras. “Aunque tengo muchos escritos no he logrado publicar ninguno, pues  para ello se necesita cierta cuota económica de la cual uno no dispone”. 
Mojica sostiene que el trabajo de los jóvenes escritores principalmente el de aquellos que viven en los pueblos del interior no es tomado en cuenta como el de los escritores establecidos o el de los que viven en la capital. 
“Pienso que el Ministerio de Cultura podría desarrollar una mejor política con respecto a los talleres literarios provinciales para que podamos tener mayores oportunidades”.  
A sus 23 años ha producido los siguientes cuentos: “No lo mauye nunca”, “El exorcismo”, “Niña toten”, y muchos otros relatos que aguardan en espera de ser publicado.
David Alejandro Sena es uno de los noveles escritores oriundo de Barahona, es instructor de los talleres literarios “Mi barrio en letras”. Sena manifiesta que tras haber realizado importantes trabajos literarios aún no ha conseguido el apoyo de una casa editora.
“Hay un decir que reza que el papel de todo escritor es tratar de retratar la sociedad en la que vive, consciente de esa situación trato de que mis creaciones estén conectada con el presente, con la cotidianidad y sobre todo, impregnada de frescura”.
Para mucho Sena es una de las grandes promesas que tiene la narrativa dominicana. En la literatura nacional Sena ha logrado cultivar ingeniosos micro relatos donde rompe con los paradigmas existentes. Sorprendiendo a los lectores con títulos largos, mientras que el cuerpo es una frase corta.  
Para Yaina Melissa Rodríguez, el cuento es el género con el que se siente más identificada. Dice que este le da la oportunidad de inventar, de crear personajes y sobre todo le permite usar su capacidad imaginativa al máximo.
En concepción de la novel narradora, la literatura permite que las personas sean más crítico de la sociedad, “La lectura es como la llave del conocimiento. Nosotros en la FLAM alfabetizamos a través de la poesía”. 
Un pueblo sin lectura

“La mayor dificultad que tiene un escritor de esta época es nacer en un pueblo donde nadie lee, para yo publicar mi libro tuve que ganar un concurso”, explica Yaina recurriendo a grandilocuentes epítetos y un léxico bastante fluido.
Yaina critica el hecho de que muchas personas consideren la lectura una forma de llevar a las personas hacia la demencia. “Deja mucho que desear el tipo de sociedad en que nos ha tocado vivir. Cuando algunas personas ven que uno lee mucho, nos dicen que terminaremos locos”. 
Una postura similar mantiene Báez cuando expresa que al dominicano común no le gusta leer. “Es fácil  observar nuestra gente con cualquier cosa en las manos, pero es difícil verlo con un libro. También considero que falta mayor apoyo de parte de las autoridades para que más jóvenes con talento, pero con pocos recursos puedan publicar sus obras”.
Algunos critican el hecho  de que la literatura haya  tenido que auxiliarse de las imágenes para que los lectores no se aburran. 
Obstáculo de un escritor 

Muchos de los escritores emergentes coinciden en que a pesar del talento que se pueda tener  no es fácil lograr sobresalir en el ámbito literario, la mayoría coincide en que las casas editoras no le dan el apoyo necesario para publicar sus trabajos.
Otros de los elementos que dificulta que los escritores de la presente generación puedan publicar sus obras es la falta de políticas por parte de las autoridades del Ministerio de Cultura. 
Desde la perspectiva de algunos escritores la gente hoy día lee menos que en el pasado, pues hay muchos recursos tecnológicos que lejos de motivar la lectura lo que provoca es distracción en los lectores.
Mientras que David Sena señala que una de las mayores dificultades es ser nuevo, explica que en algunos concursos literarios se premia a los participantes por el solo hecho de tener un nombre, sin tomarse  en cuenta otros elementos como la calidad del trabajo presentado. “Si sólo se le da apoyo a los escritores establecido cómo se producirá un relevo generacional” sostuvo Sena.
Algunos critican que en las antologías que publica el Ministerio no se valoran los trabajos de los jóvenes dándole mayor importancia a las obras de los escritores tradicionales.

          UNA ESCRITURA JOVEN

Contar con el respaldo de políticas que incentiven el apoyo a los escritores nuevos, es el anhelos de muchos autores de letras, todos coinciden en que el Ministerio de Cultura debe motivar un programa que produzca el relevo generacional que tanto se necesita. 
Hay quienes plantean que las universidades del país también deberían incentivar los concursos y talleres literarios para que sus estudiantes sean los participes.
“Yo entiendo que entre mis contemporáneos hay muchos jóvenes talentosos que sólo necesitan un poco de incentivo para demostrar que ellos son los merecedores de relevar a la generación  anterior”, son palabras de Yaina.

lunes, 3 de septiembre de 2012

XVI Aniversario del Taller de Narradores de Santiago


El Taller de Narradores de la ciudad de Santiago de los Caballeros de la República Dominicana, se fundó el 3 de septiembre del año 1996 en los salones de Casa de Arte y es el primer taller de narrativa en la historia de la literatura dominicana. Fue creado por Ubaldo Rosario Taveras y Máximo Vega. Plantearon la idea de crear un grupo que se encontrara semanalmente, pero cuyas intenciones no fueran las de leer poesía, sino narrativa, puesto que ambos eran narradores y todos los talleres de la ciudad estaban dirigidos a la poesía. La semana siguiente se integró Andrés Acevedo. Todavía el taller no tenía este nombre. Una semana después llegaron Puro Tejada y Gregorio Almonte (El Ruso), y Puro propuso el nombre, que es el que se ha quedado. Empezaron a llegar más miembros: efímeros, muchos, y otros que asisten desde el principio. Ha habido escisiones, desmembramientos, diferencias, pero lo mueve un fin primordial, por encima de cualquier egoísmo personal o necesidad de notoriedad: la literatura. Del Taller han salido varios nombres ya conocidos en las letras nacionales, o que empiezan a darse a conocer (es notable que algunos de los más importantes sean femeninos): Andrés Acevedo y Puro Tejada, que realmente son poetas, pero que han pertenecido al taller desde el principio; Rosa Silverio, que ahora vive y hace gestión cultural en España; Luis Córdova; Altagracia Pérez, que se casó en Eslovaquia; Aura Franco, Sandra Tavárez; Marlon A. González, Miguel Cabrera, Napoleón Peña, Guensy Pierre, Mariela Fermín, Johanna Díaz; Ubaldo Rosario, Máximo Vega; Víctor Estrella, que ha sido de los últimos en llegar y al mismo tiempo es uno de los integrantes más fieles; Sandy Valerio; Israel Área, Gregorio Almonte (El Ruso); Mito Núñez; Nelson Julio Minaya, ya fallecido, etc. Nombres que se escapan, escritores de otros países que han vivido en Santiago y han asistido regularmente al taller, escritores dominicanos que asistían al taller pero que ya no están en la República Dominicana. La actual fiscal de Santo Domingo y antes de la ciudad de Santiago, Jenny Berenice Reynoso, periodistas como Mercedes Guzmán., escritores en ciernes que se han marchado a Nueva York y se los ha tragado la ciudad... porque cada miembro del taller, si aún no lo sabe, continúa siendo miembro por los siglos de los siglos, aunque ya no asista a un grupo que se prestigia con esos nombres, no al contrario.

Ha recibido a los escritores Virgilio Díaz Grullón, José Acosta, César Zapata, Pedro Valdez, Emelda Ramos, Avelino Stanley, Manuel Llibre, Nan Chevalier, Eugenio Camacho y algunos escritores han participado un solo día en el taller, y no han regresado más. Han visitado al taller miembros del DNI, (Departamento Nacional de Investigaciones) escritores de novelas de vampiros y autores de libros de autoayuda. Sin esa apertura tan total, seguramente el taller hace ya mucho
tiempo que hubiese desaparecido.

El Taller de Narradores de Santiago puede ser considerado el grupo literario más sólido que tiene la ciudad de Santiago de los Caballeros, con una obra continua que intenta introducir valores literarios en nuestro ambiente cultural. En el 2000 publicó la primera antología de cuentos "Para Matar la Soledad", con portada del pintor Leo Núñez, ya fallecido. En el 2010, publicó la segunda antología "y éste era el principio", que contiene cuentos de 15 de sus miembros. Hay un taller en la capital que se llama "Taller de Narradores de Santo Domingo", en honor al de la ciudad de Santiago de los Caballeros.

El Taller Literario Virgilio Díaz Grullón del CURSA-UASD le hizo un reconocimiento. También el II Festival Nacional de Narrativa y la revista Mitos, reconocieron al Taller de Narradores de Santiago y es que todos los reconocimientos al taller se deben a la perseverancia, a la terquedad. Antes se reunían en Casa de Arte, hoy lo hacen en el Centro de la Cultura de Santiago. La intención de todos los miembros del taller que asisten regularmente cada sábado, es la de juntarse cada semana y hablar de literatura, nada más. En una ciudad y en un país en el que existen tan pocos lugares para dialogar sobre arte, el taller ha tratado de construir un espacio.
El Taller de Narradores de Santiago concentra sus intensiones en un solo género: La narrativa. Uno de los objetivos del Taller es el de descubrir escritores cuya vocación sea de narrar, no la de hacer poesía, en un ambiente repleto de poetas y de grupos literarios dirigidos estrictamente a poetizar. El Taller descubrió después de tantas reuniones, que el hecho de que un grupo artístico se defina por un género específico significa una evolución que ayuda en la formación de sus miembros, que no dispersan sus intereses.
Los miembros mantienen un coloquio semanal que nunca ha decaído, que les permite verse, saludarse y olvidar por unas horas la vacuidad cotidiana, el sin sentido de siempre en un país donde la labor escritural es una actividad prácticamente clandestina; que le permite conversar sobre arte, y sobre maestros. Este es un grupo que se encuentra no solamente en las palabras, en la Literatura, en el Arte, sino también en la amistad de compañeros que comparten una vocación. Y quizás, por esa ausencia de intenciones que no sean el amor a la literatura, el sentir un gran vacío sino hablamos sobre literatura, el taller ha sobrevivido tanto tiempo, y por eso empiezan a premiarlo: debido a la perseverancia, a la terquedad.
Cada premio en un certamen literario es un logro individual y a la vez colectivo. Tres de los escritores que participaron en la primera antología “Para matar la soledad”, sus cuentos fueron traducidos al Italiano. Y otros antólogos han seleccionado cuentos para incluirlo sus antologías.
En cuanto a los certámenes literarios: ha logrado varios primeros lugares en el Concurso de Radio Santa María y cuatro menciones, en diferentes certámenes del mismo concurso. El primer lugar en Puerto Plata en la Fundación Renovación, dos primeros lugares en la Alianza Cibaeña, primer lugar en cuentos en la Universidad del Este. Primer lugar en la categoría de cuento y novela de la Funglode. Primeroslugares en ensayo de los concursos de la Biblioteca Amante de la Luz y de la Embajada de Francia. Tres menciones en concurso de cuentos sobre el tema de béisbol de la Secretaría de Estado de Cultura. Y menciones en el concurso literario del Obispado de Higüey. Una mención de honor en el Premio Miguel ángel Asturias, auspiciado por el Parlamento Centroamericano. Tres de nuestros miembros fueron reconocido con el premio “Joven Intelectualidad”, por el Taller Virgilio Díaz Grullón de Cursa – Uasd. Dos de sus miembros han sido jurado de concurso de ensayos y cuentos. El Taller de Narradores de Santiago ha dado conferencias y recitales de Cuentos en varias Ferias del Libro. Seis de los integrantes tienen libros publicados de cuentos y novela.
El Taller de Narradores no solo se dedica a hablar sobre narrativa para los miembros. Hay otras actividades que ha realizado conjuntamente con Casa de Arte: el primer recitar de cuentos cortos en el país en el Centro Hispánico en Santo Domingo y Casa de Arte en Santiago. Conferencias sobre el Quijote y las novelas ejemplares, Carlos Fuentes, Milán Kundera, entre otros. Ha organizado conferencias con intelectuales invitados sobre el tema: Judas Iscariote, el calumniado y David, biografía de un Rey, del escritor dominicano Juan Bosch. Ha proyectado vídeos de entrevistas de: Borges, Cortázar, Onetti, Rulfo entre otros. Al igual que películas basadas en obras literarias tales como: Rebelión en la GranjaLa Naranja Mecánica, Muerte en Venecia, el Callejón de los milagros etc.

viernes, 10 de agosto de 2012

La literatura depara el placer de imaginar


Sergio Ramírez

Siempre tienes que recordar que la literatura depara el placer de imaginar, y a la vez la tortura de corregir, pero ambos vienen a ser dos caras de la misma moneda. Si las monedas de tres caras son posibles, y en la literatura nada es imposible, entonces debo agregar el placer de hablar de la escritura, de sus secretos y de sus mecanismos. No creo que nadie más que un escritor disfrute contando a quienes quieren escucharlo los trabajos y los placeres que le depara su oficio.
Imagina al primer contador de historias, y a su primer oyente, sentados a la luz de una hoguera en la noche primitiva. Alguien queriendo conquistar la atención del otro, tratando de introducirlo en su propio universo, encantarlo, convencerlo de sus propias visiones, e invenciones, y hacer que las crea. Y el otro predispuesto a ser parte de ese rito como la predisposición que tiene quien paga su entrada al teatro y se sienta en la butaca dispuesto a creer, a dejarse encantar, a dejarse seducir. ¿Por qué no decir, a dejarse engañar?
Me gusta hablar en primer término de la escritura como una necesidad apremiante. La necesidad de contar a otros lo que uno encuentra que vale la pena contarles, sabiendo que se lo están perdiendo. Aprendí a explicarme a mí mismo esta necesidad desde que leí algo parecido que decía Isaac Bashevis Singer, el gran escritor judío, en una entrevista. Una necesidad urgente, como son las necesidades físicas.
Desde mi adolescencia escribir ha sido eso, una necesidad que la imaginación transforma en palabras; actuar de médium entre los espíritus invisibles de lo aún no escrito, y quienes van a leerlo. Una vez oí decir a Carlos Fuentes que al sentarse uno a escribir por la mañana, no está sino transcribiendo los sueños de la noche anterior que no se recuerdan al despertar. Es una buena clave para adentrarse en el misterio de la escritura, desde luego que imágenes y personajes surgen de esa nata oscura del subconsciente, que debe ser muy parecida a la del caldo primordial de la creación de los seres vivos, agua, metano, amoníaco, hidrógeno en combustión, nada menos que el barro primigenio, un mundo donde todo es informe pero tiene un destino que es el de ser animado por un soplo. El soplo que dará vida a las criaturas de la imaginación.
Por eso es que la escritura de una novela es un viaje incierto, con un destino improbable por mucho que el escritor detalle su ruta en la carta de marear; y peor, porque en algún momento de la travesía los pasajeros se apoderarán del barco y tomarán control del derrotero. Motín a bordo. Te llevarán a donde no quieres ir, o donde no pensabas ir. Llegarás a puerto, pero no al que te proponías, sino a otro diferente, y algunos de los pasajeros se habrán bajado del barco en algún punto intermedio, y otros, actores de reparto, pasarán a ser principales.
Desde esa necesidad que no tiene sustitutos, es que se escribe. Se la tiene o no se la tiene. Es un don, un regalo. La camisa de mil puntas cruentas que decía Rubén; se sufre con ella puesta, pero uno no se la quitará nunca de encima. Un regalo del cielo, y también un regalo del infierno, que te da la facultad extraordinaria de ver lo que otros no ven, registrar los detalles más nimios que en la composición de la página resultarán de extremada importancia; y regalo del cielo y del infierno será también la curiosidad insaciable que te llevará a las infidelidades, leer las cartas mal puestas, escuchar lo que no debes para utilizarlo después en tu beneficio, es decir, en beneficio de la escritura de invención, junto con las historias de familia fielmente guardadas que de ninguna manera respetarás. Por eso es peligroso contarle secretos a un escritor, porque las confidencias irán a terminar en un cuento, o en una novela. La ética de la escritura es aprovecharlo todo, un oficio ajeno al desperdicio.
Los temas de la literatura se cuentan con los dedos de una mano: amor, locura, muerte, poder. El poder, que es ya una locura en sí mismo. Si lady Macbeth hubiera sido una esposa sosegada, capaz de hacer feliz a su marido y envejecer en paz con él, no existiría en la literatura. Existe porque convirtió la ambición de poder en crimen. Por eso mismo no hay novelas ni sobre la política, ni sobre la historia, ni sobre el paisaje. Hay novelas sobre los seres humanos y sus conflictos, sobre los amores infelices, sobre las pasiones desbordadas, sobre las ambiciones que no tienen cura. La codicia, el deseo.
Uno lo que escribe en los libros son mentiras, pero deben ser mentiras bien contadas, en las que se pueda creer a ciegas. “Esto me pasó a mí también”, dice el lector, y uno recibe entonces su corona de triunfo porque se ha hecho acreedor a la credibilidad ajena. Han confiado en ti, y no los has defraudado. Esperaban una mentira bien contada, sin fisuras, sin dobleces, y se las ha dado. No tienen de qué quejarse. Y cuando al llegar al final del libro el lector quisiera seguir adelante, porque se encuentra metido sin remedio en los laberintos de ese mundo que creaste para él, y quiere vivir al lado de los personajes, no abandonarlos, entonces tu corona es doble.
Ese lector que prefiere siempre la acción a la demora, a menos que se trate de un cuerpo desnudo. Ese lector al que nunca debes aburrir. Dice Billy Wilder, que hizo cine y no literatura, pero para nuestros fines viene a ser lo mismo,  que su primer mandamiento es precisamente ése, “no aburrirás”. Ese mismo lector al que es necesario atrapar, antes de atrapar al asesino. No sé si esto último lo oí, lo leí, o lo inventé, pero de todos modos recomiendo no olvidarlo, tanto a los escritores maduros como a los aprendices. Es peor que huya el lector, a que huya el asesino, eso hay que tenerlo por regla.