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viernes, 16 de octubre de 2020

Miguel Cabrera: Fragmento de la novela: Cuando éramos indios y los cuentos: El sangrú y el El cieguito les vio.

MIGUEL CABRERA: Nació en Santiago de los Caballeros, en julio del año 1951. Realizó sus estudios básicos en su ciudad natal. Obtuvo la licenciatura en Educación, Mención Ciencias Sociales, por la Universidad Tecnológica de Santiago (Utesa). Fue profesor del Liceo Secundario Colorado. Miembro del Taller de Narradores de Santiago. Segunda Mención  en el área de cuentos: FUNGLODES/GFDD 2012.

 

Fragmento de la novela: Cuando éramos indios.

...percibo los pasos de alguien. Es Mariachi, el hijo de padrino se acerca, y trae consigo una silla de guano en una mano y en la otra un paraguas, se coloca cercano en actitud confidencial, y me llama por mi nombre. Escruta a todo lado de forma misteriosa. Vuelve a llamarme, “Ruperto Jerónimo”. Yo le miro con atención. Él insiste en repetir mi nombre.

-Ruperto Jerónimo, debemos hacer algo. En el sur se pelea. Dicen que los militares muertos los llevan a Santo Domingo por camionadas.

Sin preámbulo y con emoción me dijo esas cosas. Le miro a los ojos. Me hizo entender que había conversado con varios jóvenes y pensaban apoderarse de las armas de los militares. Según, él, tienen ubicados a los trece soldados. Con trazados gráficos y con grandes rasgos me explica el plan. “Les sorprendemos y les atacamos con machetes. Así levantamos un frente por esta área. ¿Qué dices, Ruperto Jerónimo? Porque fíjate…”. Detiene su decir, y vuelve a escrutar, hago lo mismo, sé a lo que nos exponemos. Al comprobar que seguimos solos, planteó que necesitaban un comandante; en la creencia que yo podría ser por estar más preparado que cualquiera de ellos viene a sonsacarme. Como se calla y creo que espera por mí, le expuse lo que pensaba sobre la guerra. “Guerra significa muerte, violencia, destrucción. Al disponer de la vida de otro se comete homicidio. Soy de la teoría que un muerto genera homicidio por donde quiera, al ser muerte violenta. Acepto que el individuo muera por longevo. La ancianidad es lo único que no es violento. Por lo demás, no soy partidario de la violencia, aunque las decisiones políticas y de estado asumidas por este gobierno, me hacen variar algunos enfoques que resultan básicos para comprender el presente de nuestra sociedad y la complicada proyección para lo mediato e inmediato. Parejo le hago saber que en lo fundamental no creo en la violencia. Considero conveniente el trabajo - político - ideológico con las masas, para el logro de los objetivos. Es decir, el uso de las palabras y la exposición de las ideas”.

En cada morfema que expongo no dejo de observar a Mariachi quien mira con atención. Podría decirse, con preocupación. Le veo rascarse la cabeza con frecuencia. Continué diciéndole que lamentaba que tuviera que oír esto, pero de las acciones adoptadas por el Coronel de Abril no era partidario. Le expresé que le respetaba por la defensa de la Patria que les impuso a los gringos colonizadores. Yo entendía, fueron otras circunstancias. En estos momentos, hubiera sido preferible que él estuviera aquí con la orientación política que tanta falta nos hace. Le atribuía la estatura moral para indicarnos el camino político más propicio. Era del entendimiento que, Manolo Tavárez Justo, debió ser para él espejo donde mirar. Le supliqué a Mariachi que observara que de la aventura propuesta por él, seguro que saldrían varios moradores muertos y otros encarcelados. De guisa que, los que participen se comprometen y parejo los familiares más cercanos. Pasé a formularle las siguientes preguntas: “¿Cuál es la preparación militar que ustedes, o en mi caso, yo tengo? Ninguna. ¿Quién tomará el poder si derrocamos al tirano alimaña? Después del caos, producto de esta contienda, ¿quiénes serán los culpables de los crímenes cometidos hasta ahora?”. Sin esperar respuestas, le especifiqué, “sólo te formulo unas que otras preguntas. No es que tengo previo un programa hecho”. Me adelanto a decirte que acontecerá igual a la muerte de Trujillo. No me atribuya preceptos adivinatorios o cosa a semejar, no. Los mismos trujillistas nos gobiernan. Los que pelearon por la Patria en el 1965, en su mayoría o están muertos, o deportados, o en las cárceles como presos políticos de este régimen opresor. El trujillismo en otra faceta. Escucha y entiende, hoy nos rige el trujillismo en otra etapa. Abrumado, dijo:

-Pe… pe… pero Ruperto Jerónimo, algo hay que hacer. No podemos quedarnos así. Sería cómo si nosotros fusiláramos al Coronel de Abril y a los valientes que les acompañan.

Llamé su atención para que comprendiera que sin una ideología definida y asimilada por los que las utilizarán, el proceso es traumático. Que esas especulaciones que ruedan por radio bemba eran idénticas aquellas de Enrique Blanco, donde no hubo abuelo que no narrara anécdotas sobre él, en verdad, las escucharon de otros y asumieron el papel protagónico y dijeron: <<Me encontraba yo en tal sitio, cuando aconteció que llegó Enrique Blanco y me dijo…>>. Así acontece ahora, Mariachi. Qué los guerrilleros son tanto; qué no es verdad que el Coronel de Abril iba a venir con tres gatos; qué son cuentos del gobierno para ver quién se mueve; qué pititín; qué patatán. Qué llevan los saldados muertos por camiones. ¿En dónde se ha visto tal despropósito? ¿Acaso son dos ejércitos que están enfrentados para producir camiones de muertos? Fíjate lo que tengo en mis manos, Mariachi, un libro sobre la Historia Universal. Único gurú que nos puede explicar las cosas acontecidas tiempos atrás, las que acontecen y lo más maravilloso, las que pudiesen acontecer con el porqué. En estos momentos le veo desorientado, abrumado. Desolado en su totalidad. Seguí en actitud paternal, y le indico que a mi parecer, el Coronel de Abril vino con un grupo de hombres a sacrificarse para que el pueblo dominicano comience a visualizar quiénes son los amigos, y quiénes los enemigos encubiertos. Hice hincapié en señalarle que en el estudio socio -histórico – político – antropológico, estaba la respuesta. Le supliqué que no se arriesgara a morir de manera inútil; le hablé de un porvenir donde podrías hacer grandes aportes a ésta comunidad si alcanzara liderazgo. Le pongo la mano en la rodilla izquierda, le miro a los ojos y le escuché, decir: “Ruperto Jerónimo, no seas injusto, no debemos dejar que el Coronel de Abril muera así sin el apoyo del pueblo. Él confía en el historial de lucha que ha tenido el pueblo dominicano. Su abnegación en la lucha del puente Duarte, en las diferentes proezas contra el imperio. ¡Ayudemos al Coronel de Abril, no le dejemos morir!”.

Mariachi, muchacho fuerte, de anchos hombros, de fisonomía pasable: gruesos labios, ojos grandes, pelo crespo, nariz y frente ancha. Rígido en los planteamientos. No es dado a la bufonada, no sabe de broma. Dado a pensar lo que dice; cuando dice es firme en su convicción. De alta dotes morales y patrióticas. Asiste en horas de la mañana a la escuela secundaria en Jánico, y se traslada a ella todos los días con entusiasmo en su motocicleta. Es el encargado de la finca cafetalera de padrino con extensión de quince hectáreas. Me sentí conmovido el oírle compungido. Pese a todo, no debo desistir, tengo que actuar con corrección.

-Te equivocas una vez más. No va a morir y mucho menos en vano. No.

 


 Le expliqué que el Coronel de Abril vivirá en el corazón del pueblo que le vio luchar contra el imperialismo en lucha desigual, heroica, patriótica. ¡Como luchan los hijos de la Patria! Y, mientras no obtengamos la liberación Nacional, él existirá como ejemplo a seguir; ya la Patria liberada, será de los héroes nacionales, chispa inspiradora de esa hazaña. Le pedí que se fijara que somos prisioneros. El Señor Cura, el Señor Síndico, el sargento y los guardias que son campesinos o hijos de campesinos, nos miran como los enemigos.
“¿Por qué acontece esto?”. Sencillo, le respondí, “amigo Mariachi, no nos une una ideología única. Asumimos posturas de otros a la mínima oportunidad. La burguesía, crea falsas ilusiones en las mentes de los más débiles y en consecuencias respondemos en contra de los verdaderos intereses, por defender las poses que nos hacen creer que son las nuestras. Vete a la casa Mariachi, estate tranquilo, estudia y aprende, para cuando llegue el momento. Éste no es”.

Cabizbajo se marcha, le acompaña el libro que le presté a condición de devolvérmelo. Tengo la percepción que no lo hizo convencido del todo. Me quedé pensativo. A lo poco reinició la lluvia con nuevo bríos su continuidad. Dos días pasan y me percato de mi percepción primera. Por intuición despierto en horas de la madrugada. Busco la linterna y salgo de la habitación abrigado, el frío es adormecedor, la pluviosidad es manifiesta. Percibo un abejeo, murmullos de personas que dicen cosas para sí. Inquieto, pensé mil cosas. Sigo sigiloso por el pasillo. Voy a la expectativa. Ubico las voces musitadas en la cocina. Mil pensamientos calentureados me circundan la imaginación. ¿Acaso penetraron desconocidos? ¿Hubo mi padre arriesgado la seguridad de la familia con una reunión clandestina? Me acerco cauteloso. Al penetrar, las voces callan. Bajo la tenue luz de la vela, las imágenes fantasmagóricas de Mariachi y mi padre que murmuraban; calidoscopio que la brisa logra por los juegos de la luz de la vela en las paredes de la cocina.

Pregunté, ¿Qué sucede? con inaudibilidad casi de la voz, pero enérgica. Mariachi –Su nombre de pila es Mario, pero todos así le llaman- apenas si me escuchó y respondió con el mismo discurso expuesto días atrás en el jardín de la casa. Sin dejarle concluir, respondo sin vacilación: “¿te volviste loco? ¿Crees que una revuelta puede hacerse así por así? Recuerdas que al hablarme de eso anteayer, te dije mis puntos de vista. Nos compromete con tú sola presencia a estas horas peligrosas. Ven acuéstate, por favor. Salir y que te encuentren, pone en riesgo tu vida y las nuestras por igual”.

-Mario, no mates a tu padre, mi compadre Juanico Jiménez. Quédate, hasta que avance el día y quítate esos pensamientos de la cabeza. Piensas el riesgo que corriste con venir. Si te encuentran te matan. No lo dudes. Te matan, Mario. ¡Te matan!

Mi padre decía esto último, sin mirar a Mariachi, su mentalidad estaba lejos, parece que rememoraba aquel día en que mataron a Pichirilo, el hermano de Mariachi.

{Eran horas de la tardecita, el tiroteo es intenso, el enemigo atacaba con tanques de guerra. El combate pasaba de las veinticuatro horas. El canto de muerte de las armas pesadas imponía su melodía aterradora. Enfriaba la sangre a cualquier bizarro. Pichirilo estaba a mi lado atrás de un terraplén, disparaba con ardor y puntería de indio bravío. Los ayees prorrumpían por doquier. Se mezclaban con el silbar mortal de los proyectiles. La parca hacía sentir su presencia al pasar zumbando, ya tras de una bala de fusil máuser o encima de un obús, otras veces se detenía privando a cualquier desgraciado del aliento vital, al ser disparada por una 30-30. Ocasión oportuna para la acción de los camilleros, valientes muchachos que desafiaban el terror de la muerte para prestar auxilio a quien lo demandara. Sólo el amor a la Patria enajenada hace que el más humilde de los hombres o mujer se lance al frente de batalla. A estos actos de heroísmo que paren los genuinos héroes de la Patria marchitada, surgen por amor infinito a la tierra}.

 

Mariachi calla, le conduzco a mi alcoba. En un rincón se colocó en posición fetal, encima de la frazada que le cedimos. No quiso subir a la cama. No dijo nada más. Fue la última vez que le vimos y el primer muerto en manos de los guardias. Al subsiguiente día, los militares y el Señor Síndico convocaron al conglomerado e informaron de las supuestas coyunturas. Según el informe emitido, cinco jóvenes intentaron armados con machetes y puñales, emboscar una patrulla de dos militares en horas de la madrugada. Dijeron que en el intento, Mariachi y otro llamado Juan Liborio, cayeron al ser repelidos por los que llamaron: <<Diestros soldados de la patria, quienes en cumplimiento del deber, actuaron para salvaguardar la tranquilidad de la comunidad y la paz del pueblo en general>>. Los otros escaparon. <<Se está en su persecución>>. Les acribillaron en el monte.


El sangrú.


          El sonar del segundo timbre en la mañana, es inequívoco indicativo de recreo.  Los pasillos se  repletan de estudiantes del bachillerato que se movilizan para satisfacer sus  necesidades.  Amaró  Vélez  es uno de ellos,  esperanzados en  ingresar  a la facultad de leyes. Con ese interés frecuenta el Palacio de Justicia; allí observa actuar los profesionales del Derecho. Siente admiración por Negro Veras, por su defensa a los <<desarropados>>. Visualizándose en defensa de los <<hijos de machepa>>.    
          Al sonar el timbre, sale  a desayunar. En el trajín, observa venir una joven señora embarazada muy sonriente, que sostiene con ambas manos su abultada barriga. Al llegar  frente a ella, le sonríe y  amablemente,  dijo:
          -¡Qué hermosa barriga, tiene usted!
La señora se detiene, y él hace lo mismo. Ella pregunta:
          -¿Le gusta, mi barriga?
Le sorprende la interrogación, por lo inesperada. Reponiéndose, alardea de buena educación:
          -¡Claro que sí, es muy hermosa su barriga! –Su emoción es tal, que se obliga  a contener el deseo de acariciarla, y hasta de pegar el oído, para escuchar  si la criatura se movía.
La sonriente  señora,  con mucha picardía,  le suelta:
          -¡Mi marido es quien la hace! –Riéndose,  reinicia su andar.
A Amaró  Vélez  se le desdibujó   la sonrisa educada ensayada.  Perdió el apetito, y retorna al Liceo. En el aula, se siente zaherido, parejo se hizo la firme promesa, “en lo adelante, jamás volveré a ser galante”.
          En los barrios capitalinos, hoy se le conoce como el sangrú. 

 

El cieguito les vio.


-Compadre, mañana doy por terminado el trabajito; por lo que pienso, pasado mañana lunes, debiéramos darnos unos tragos con el Cieguito. ¿Qué le parece?

-¡Buena la intención, pero tardía la ocasión! Compadre.

-¿Qué pasa, compadre? -Interroga Quico, intrigado.

-Le cuento -dice Felo-, usted sabe que todos los lunes había un fiestón. El Cieguito llevaba más de diez años en ese trajín. Pero hace más de un mes, no hay fiesta. -Una pausa y mira fijamente al compadre.

-¿No? ¿Por qué dejaron de hacerla? –Interroga, el compadre, Quico.

-Óigame, en un momento de apogeo de la última fiesta, con la presencia de ciertos jorocones de la administración pública acompañados de personeros a los Figuereo Agosto, y todos agachaos con sus muchachotas… el Cieguito, dijo: “Un saludo muy cordial de parte de los muchachos del conjunto a Zutano y Perencejo, a quienes veo por ahí con par de hermosas rubias”. Compadre, sucedió igualito que en el setenta y tres, cuando anunciaron la llegada del coronel de Abril. Usted se acuerda. Se armó tremendo huidero, y a la media hora no había una sola mesa ocupada.

-La verdad, que no entiendo, compadre, ¿por qué?

-¡Santa Catalina de los Baños! -Se alborota, Felo-. ¡Compadre Quico!, pero si el Cieguito está mirando a los bailadores, ¿qué usted puedes esperar de los otros?

-Aquiétese, compadre, aquiétese; El que no sabe, es como el que no ve.


















jueves, 8 de octubre de 2020

Víctor Arcturus Estrella.

 

 

Víctor Arcturus Estrella, nace en Santiago de los Caballeros en el 1996. Licenciado en Psicología por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). Es actor del primer elenco de Teatro Utopía, donde también ha asumido roles de director teatral y gestor cultural. Se ha formado y ha trabajado con profesionales de las artes escénicas de distintas partes del mundo, además de actuar en numerosas muestras y festivales nacionales e internacionales de teatro. Ha protagonizado cortometrajes que han competido en diversos festivales, entre los que se destacan New Orleans Film Festival y Outfest (ambos clasificatorios a los Oscar), entre otros. Como voz principal y compositor del grupo de hip-hop experimental La Ñapa, grabó los álbumes RD: Republica Decadente (2016) y Caribe (2018) así como el mixtape Dominivaina (201) y el EP 4 Más (2016). Sus cuentos han sido publicados en la antología Caleidoscopio, del Taller de Narradores de Santiago y en De Galipotes y Robots, primera selección narrativa de la Asociación Dominicana de Ficción Especulativa. Obtuvo mención de honor en el 1er Concurso Escolar de Cuento y Pintura de CORAASAN, así como también en el 24◦ Concurso de Cuentos de Radio Santa María. Ganador del segundo lugar en la categoría de cuento de los Premios Funglode 2018 y del tercer lugar en el 26◦ Concurso de Cuentos de Radio Santa María (2020).

 


sábado, 3 de octubre de 2020

Marlon Anzellotti: Cuento: LA PROMESA y los ensayos: EL MITO DE SÍSIFO y EL MITO DE PROMETEO

 

Biografia:

 Oriundo de Santiago de los Caballeros. Formado en Administración de Empresas y Contabilidad, con especialidad en Alta Gerencia y Maestría en Gerencia y Productividad, en las universidades UAPA y UNAPEC, respectivamente. Imparte docencia en la Escuela de Negocios de la Universidad Abierta para Adultos (UAPA) y en la Escuela de Graduados de la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA). Es miembro activo del Taller de Narradores de Santiago. Cultiva los géneros del ensayo y la poesía. Ganador del segundo lugar del premio de ensayo Pedro Francisco Bonó de Funglode en el año 2013, por su obra "Aljaba de Mitos". Tiene un poemario inédito, titulado "Complicidades". Ha participado en talleres y seminarios relacionados con la creación literaria patrocinados por el Ministerio de Cultura, el Centro León y el Ateneo Insular, así como también en cursos de historia y estética del cine auspiciados por la DGCINE. Pertenece al Club de Cine del Centro de la Cultura de Santiago y al Cine Fórum de Casa de Arte. En su ciudad natal hace vida cultural de manera intensa.

 

LA PROMESA

  El viejo Valentín deja reposar su cansada anatomía en el desvencijado catre de su humilde vivienda. Son incontables las diligencias que viene realizando desde que el candidato ganó las elecciones. Le ha llamado con insistencia, pero de forma recurrente escucha un aviso que le dice: “el número que usted ha marcado no está en servicio.”

Atrás han quedado los agotadores meses de una campaña electoral muy intensa, en la que el viejo Valentín, miembro activo de la junta de vecinos de la barriada, caminaba por todos los callejones, visitando casa por casa, en ocasiones junto al candidato, vendiendo un programa de gobierno basado en una serie de promesas atractivas: “cero delincuencia”, “trabajos seguros”, “salud para todos”, “educación para el pueblo”, “comida barata y buena”. Fueron muchos los “mano a mano”, operativos médicos, sancochos improvisados, reuniones en clubes e iglesias, que realizó.

Ahora, como paradoja del destino, el viejo Valentín, se encuentra agobiado por los mismos males que prometió erradicar el candidato. Los pocos bienes que tenía en su casa fueron robados, la despensa de su vivienda está huérfana de alimentos; no tiene un trabajo seguro, porque su educación no pasó del octavo curso, y ya sus fuerzas no son las de la juventud. Aunque su edad es de sólo 55 años, aparenta muchos más. Su cabeza luce una cabellera poblada por completo de canas, su piel quemada por el sol y llena de arrugas. Su boca con varios dientes ausentes.

El viejo Valentín cifraba toda su confianza en el candidato, a quien conocía desde niño, pues provenían del mismo campo. Cierto día se encontró con él, y éste lo invitó a ser el encargado de campaña en su barriada. Le prometió, que de ganar las elecciones, el sería su hombre de confianza en la comunidad y que lo nombraría para hacer trabajo social con la gente.

Bien, los meses han pasado y ya el otrora candidato se encuentra en el poder. Y aquella promesa sigue incumplida. La gente de la barriada pensaba que el viejo Valentín, a estas horas, estaría disfrutando de las “mieles del poder”, y se han cansado de visitarlo, procurando contactar mediante él, al candidato que le hizo tantas promesas, y que al parecer se ha olvidado de donde queda la dirección del populoso lugar que recorrió palmo a palmo, en tiempos de campaña.

Y como consecuencia de que el candidato se olvidó del viejo Valentín, y no lo nombró en la posición prometida, los que decían ser sus amigos, se han ido alejando, y ya no lo buscan, ni lo llaman y ni siquiera le responden el saludo cuando lo ven en la calle. Le huyen como si estuviera leproso.

Hasta los de la junta de vecinos le han dado la espalda, y lo relevaron del puesto que ocupaba en ella. Y ahora se encuentra sin nada por qué vivir. Solo y sin esperanzas, no tiene deseos de comer de los alimentos que la caridad pública le hace llegar. Hasta tuvo que mudarse de su casa, por no poder pagar el alquiler, a un sitio muy precario, que el mismo construyó con cartón y tablas de tejamaní, con un precario techo, que no es suficiente protección para la lluvia y el frío. Esto le ha acentuado una gripe que parece eterna.

Para hacerse de unos pocos pesos con los cuales amortiguar el hambre, se ha dedicado al reciclaje de objetos, de esos que las personas tiran a la basura. Se ha hecho de una vieja carretilla con lo cual hace su recorrido por toda la ciudad, recolectando cartones, galones y botellas vacías, tanto de vidrio, como de plástico.

Cierto día, amenazada la zona por una creciente inundación de la cañada que los circundaba, los comunitarios comienzan a visitar a todos los que estaban en la zona de peligro, tocan insistentemente la puerta del improvisado refugio del viejo Valentín. Al no responder, se ven precisados a derribarla, encontrándolo acostado en su catre, asido a un cuadro de la virgen de la Altagracia, delirando de fiebre, balbuceando expresiones ininteligibles y con la respiración entrecortada y agónica. Rápidamente llaman a los de la defensa civil, para sacarlo con una camilla. Al levantar su escuálida anatomía, se observa un gastado afiche debajo de él, con el rostro sonriente del candidato que dice: ESTOY CONTIGO.

 


EL MITO DE SÍSIFO

El que el hombre sea consciente de su finitud lo lleva a filosofar. Y una de las cuestiones en que más cavila la mente humana es la relacionada con la razón de nuestra existencia, la cual está llena de avatares, desde el nacimiento hasta el sepulcro. Esta inquietud no es nueva, y también fue planteada por los antiguos griegos, quienes elaboraron un relato mitológico, el mito de Sísifo, el cual motiva la siguiente reflexión.

En la mitología griega, Sísifo, era un astuto rey de Corinto, quien con sus mañas llegó a engañar hasta al dios de la muerte, a quien logró apresar, y por todo el tiempo en que lo tuvo encerrado nadie murió en el mundo. Esto trajo desconcierto y preocupación en el inframundo, y apelaron al padre de los dioses, Júpiter, para que restaurara el orden natural de las cosas. Sísifo no tuvo otra alternativa que ceder y se preparó para irse con la Muerte, pero una vez más actúa con astucia, y le dijo a su esposa que no le hiciese funerales. Esa era una estratagema que le permitiría lamentarse en los infiernos de que no le habían hecho las honras debidas, y así poder volver de nuevo a la tierra. Tanto fue su lamento que le permitieron retornar al mundo por un breve tiempo, pero no cumplió con lo acordado y se le fugó a la Muerte. Ya viejo, y cansado de andar fugitivo, no pudo seguir engañando a la Muerte y nuevamente fue arrastrado a los infiernos. Allá, el dios de ese lugar, Plutón, que no había olvidado al fugitivo, decidió castigarlo de una forma que no pudiera escapar, imponiéndole la severa penitencia de subir una enorme piedra a la cúspide de una montaña, y cuando estuviera llegando a la meta, la piedra se le deslizaría y tendría que volver de nuevo a su punto de origen. Así que una y otra vez, por toda la eternidad, tendría Sísifo que volver a acometer esa ardua tarea sujeta a futilidad y hastío.

Este absurdo castigo representa muy bien la existencia del hombre sobre la tierra, la cual está sujeta a un ciclo de nacer, crecer, reproducirse y morir. Siendo su muerte igual a la de un animal. Por ello, al igual que Sísifo tratamos de burlarnos de la muerte, y usamos cuantos medios sean posibles para retrasar el proceso del envejecimiento. Hasta en un lecho de enfermo se escucha a personas casi centenarias increpar a sus hijos sobre si lo van a dejar morir, porque notan que todavía no lo han llevado al médico.

Lo cierto es que ni el más astuto de los hombres puede escapar a ese destino. A la única verdad: todo el que nace, muere. Lo único eterno y lo único seguro es la muerte. Y la única vida que existe y que puede comprobarse, es la de antes de la muerte. Por ello es que en ese breve paréntesis, desde el nacimiento, hasta la muerte, buscamos maneras de perpetuarnos, sea labrándonos un nombre o teniendo descendencia. Hay quienes como los faraones del antiguo Egipto, elaboran fastuosos mausoleos, pues son sabedores de que esa es su casa de larga duración, y sienten la necesidad de proyectar su nombre a través de las siguientes generaciones.

Pero aún así, el ser humano sigue teniéndole pavor a lo desconocido, y para atenuar ese temor recurre a la ciencia, buscando una explicación racional, o a la religión, buscando darle sentido a la existencia. Con ésta última nos

llenamos de esperanza de que esta vida no es todo lo que hay, que existe un más allá, mejor que la vida presente. Algo muy hipotético, pues nadie ha regresado para dar testimonio de esa vida futura.

Lo cierto es que por más vuelta que se le busque, el derrotero del hombre es semejante al de Sísifo, un eterno retorno, esforzarse para volver al punto de origen. Encadenados a lo absurdo y sin sentido.

El estar conscientes de esta realidad produce agobio, como si estuviéramos llevando una carga pesada subiéndola por una cuesta muy empinada. En el caso de Sísifo, solo en el instante breve en que la piedra se deslizaba al vacío, el podía sentir un poco de alivio, pues acariciaba la meta anhelada, la de que por fin la piedra llegara a su destino. Y en nuestro caso, ya en el umbral de la muerte, en ese breve momento en que expiramos, es que llegamos a entregarnos, como hizo Sísifo, quien no pudo ser un eterno fugitivo de la Muerte, y eso puede producir cierta conformidad.

Es en esa hora de la verdad cuando llegamos a comprender que nada tenemos, que nos vamos tan desnudos como vinimos. Que vivimos no como debimos, sino como pudimos, y eso nos quita un fardo enorme de encima. Sentimos que ya hemos saldado todas nuestras cuentas. De hecho, la pena mayor con la que se puede castigar al criminal más grande es la llamada pena capital, donde el acusado se le quita la vida. Ya con eso queda satisfecha la justicia humana. Por eso es que, tras la muerte, dejan de haber culpables, y conscientes de ese hecho, muchos de los que sobreviven tienden a ser indulgentes con aquellos que mueren.

Entonces, ya que no podemos huir de la Muerte, debemos encontrar una razón para vivir cada día, para así esperar la muerte sin miedos y satisfechos. Que aunque la vida sea incomprensible y caótica, aún así debemos vivirla y rodearnos de cierto orden, comportándonos de acuerdo a nuestra conciencia.

La tarea asignada a Sísifo, tan envuelta en el sin sentido, es a su vez una especie de ancla para este, pues sabe que lo único que tiene en realidad es esa piedra pesada, y no necesita nada más. Nosotros también debemos aceptar la piedra que nos ha tocado y no frustrarnos por no poder realizar todos nuestros anhelos. Nadie logra todo lo que quiere. Se necesitarían muchas vidas para lograr la plenitud de nuestros proyectos.

Saquémosle provecho a cada día. Como se dice coloquialmente, la vida son dos días, y uno de ellos es nublado. No dejemos que el miedo nos paralice. Reflexionemos en el destino que está sujeta toda la humanidad, no con el fin de torturarnos y mortificarnos antes de tiempo, sino para crear conciencia de vivir cada uno de nuestros días de una manera que el día que nos toque partir lo hagamos con una buena medida de satisfacción de que hicimos, no tanto lo que debimos, sino lo que pudimos. Ese será el momento en que de verdad sentiremos la verdadera redención con la entrega de nuestro último aliento.

 


EL MITO DE PROMETEO

La humanidad desde siempre se ha encontrado en un constante conflicto entre la luz y la oscuridad, entre la libertad y la esclavitud, entre la consciencia y la inconsciencia. Nos sentimos como prisioneros en un cuerpo sujeto a corrupción. Con facultades creadoras dignas de un Dios, pero encerrados en un vaso muy frágil, hecho de carne y hueso.

Esta realidad ha marcado el carácter del hombre, y lo ha hecho un eterno inconforme con la realidad que le rodea, buscando afanosamente transformarla, cual si fuera un Dios creador. Precisamente sobre este conflicto, trata un antiguo mito griego, el de Prometeo.

Prometeo era un descendiente de los dioses que era muy afín con la humanidad, y para beneficiarlos, en un acto de coraje, se atrevió a robar el fuego, y enseñar a los mortales a utilizarlo. Con el fuego en su poder, el ser humano se le hizo más fácil transformar el medio ambiente y saciar la necesidad de luz y calor en las horas de la noche. Además de que permitió mayor sociabilidad y transmisión de conocimientos al permitir que grupos de personas se reunieran alrededor de fogatas que le brindaban luz y calor.

Esa acción inconsulta de Prometeo le hizo objeto del odio de los dioses, quienes le castigaron de varias maneras. La primera fue haciéndole una mujer de arcilla, de nombre Pandora, la cual era portadora de una caja con todas las desgracias y males que oprimirían a la humanidad. Era esta una forma de los dioses vengarse de la humanidad, y hacer sufrir a su protector Prometeo. A este último le castigaron directamente al llevarlo a una de las montañas del Cáucaso, donde lo encadenaron y asignaron a un águila que le devorara el hígado, pero como era inmortal, el hígado vuelve a nacerle cada noche, y entonces, al día siguiente, de nuevo el águila volviera a comérselo. Felizmente, el héroe y semidiós Hércules, al pasar por el lugar, mató al águila y liberó a Prometeo de su suplicio.

El mito de Prometeo sintetiza o resume el eterno conflicto entre el hombre y Dios. Prometeo representa una humanidad rebelde, luchadora, sagaz, y ambiciosa, que busca calzarse los zapatos de Dios. El crimen de Prometeo consistió en haber tratado de enseñar a la humanidad a comportarse como dioses, y que un día pudieran llegar a superarlos, pues al darles a conocer los secretos del fuego, podían ejercer dominio sobre la naturaleza y conocerse mejor a sí mismos.

Un aspecto que revela este mito es la constante lucha entre la luz y la oscuridad. Que bien pueden equipararse al conflicto entre el conocimiento y la ignorancia. Ciertos sectores de poder siempre han conspirado para mantener a las masas en tinieblas, pues saben bien que la persona que es ignorante es más fácil de manipular y entrega su voluntad a cambio de alguna recompensa material. Por eso es que son dignos de encomio los “Prometeos” que son capaces de compartir conocimientos que están vedados a la generalidad de la humanidad. Dotando a esta del “fuego”, de la “luz” del conocimiento, que les permitirá romper sus cadenas, y dar pasos firmes en la tarea de transformarse a sí misma y al entorno que la rodea.

El contraste que se observa entre la libertad y la esclavitud es palpable en este mito. Antes del hombre conocer los secretos del fuego y dominarlos, estaba sujeto a la voluntad de seres invisibles a los que llamaba dioses. Esos eran los que provocaban el fuego cuando caían rayos. Al hombre no le era posible reproducir ese fenómeno. Es a partir del descubrimiento de cómo hacer el fuego que el hombre da un salto exponencial que lo convierte en un dominador de la naturaleza, en un creador o modificador de su entorno, que hasta ese momento era inexpugnable. Logró además aminorar los miedos y terrores que provocaban las tinieblas, poder establecerse en lugares de clima frío, moldear armas de metal para hacerse más eficiente en sus labores de cacería, cocer los alimentos (este aspecto singulariza al hombre del resto de los animales), fabricar objetos artesanales y protegerse de las bestias que merodeaban por las noches. Por lo tanto se puede considerar a ese hecho como uno de los más sobresalientes del discurrir humano sobre la tierra. Un acontecimiento que le dio plena libertad al hombre, pues ya no tenía que esperar a que un fenómeno natural, como un rayo, provocara el fuego, por primera vez tenía el control y dominio de este. Era un ser libre y autónomo.

Con relación a la consciencia y la inconsciencia, hay puntos valiosos que nos revela este antiguo mito. El hombre, gracias a la conquista del fuego, se diferencia de todos los otros seres que pueblan el planeta. Demuestra su inteligencia, inconformidad y curiosidad portentosas. Se distingue además por

ser consciente de su entorno e individualidad. No es un ente pasivo. Lucha contra la adversidad y busca superarla. Es interesante que el nombre Prometeo significa: “pensamiento previsor”, y este tipo de pensar es una característica de esos seres humanos emprendedores que han abierto el camino y han hecho posible los grandes avances de que disfrutamos hoy día.

El mito de Prometeo describe de forma muy certera la tendencia inherente que tenemos, que nos impulsa a querer saber, a querer entender, a querer hacer. Buscamos superarnos, ser mejores que nuestros antecesores, derribar todas las barreras y desafíos que se nos presenten. Somos seres libres, con voluntad propia, en nuestro interior bulle el alma de un dios creador, que busca manifestarse de manera tangible. El hecho de que seamos finitos en modo alguno nos retrae, más bien nos acicatea el alma para llegar a donde más nadie ha llegado, aunque eso implique un desafío a los poderes fácticos. Ese libre albedrío es la característica más preciada que gozamos, y que nos hace superiores al resto de criaturas que moran sobre la faz de la tierra. Por lo cual, aunque el castigo sea severo, el hombre siempre estará dispuesto a pagarlo en pro del adelanto científico, de vencer las tinieblas de la ignorancia, de llegar a disfrutar de algo que es tan preciado como el aire que respiramos: la libertad.





jueves, 24 de septiembre de 2020

NAPOLEON PEÑA: ASPECTO CULTURAL DEL ÑONGO – ÑONGO y los CUENTOS: LA MARATONISTA Y EL LADRÓN


 Es miembro del taller de narradores de Santiago.
Nació en Santiago, egresado de la universidad UTESA donde fue diplomado como psicólogo clínico en 1989, luego en el 1992 ingreso a la escuela neijing  especializada en medicina tradicional china que usa como recurso la plantas medicinales, masajes,Gigong, acupuntura y moxibustion y como marco teórico la filosofía taoísta, donde adquiere el titulo de psicólogo energético.
Cuenta en su haber desde su graduación contante seminarios práctico en su país y en España, Colombia, Venezuela, Argentina, Uruguay , Turquía, y Perú; donde trabajó con los indígenas capacitándolos y enseñándoles acupuntura.
Es miembro activo de la escuela neijing en Santiago, fue director del programa Psicoeducativo musical en la emisora radial Libertad llamado: Mariposa parlante.

1-ASPECTO CULTURAL DEL ÑONGO – ÑONGO

2- LA MARATONISTA

3- EL LADRÓN 


ASPECTO CULTURAL DEL ÑONGO – ÑONGO.

Todo lo que habla el hombre es cultura, mientras màs cultura adquieres, más facilidades tienes para resolver cualquier tipo de inconveniencia que te encuentres en el camino. La cultura se te convierte… porque la cultura es como un jabón de mente, mientras más enjabonada tienes tu mente, más facilidades tendrás para desarrollarte en el camino o en la vida – en la vida que te toca vivir, en el ambiente que estás.-

La cultura, lo que hace es que te limpia, te limpia, te abre los sesos para que tengas mà opciones.

La vida es como una carretera que todo el mundo va para un sitio – ese sitio nada más eres tú el que lo sabes-, es como si a todo el mundo le dijeran que tiene que ir a un determinado sitio. Pero, en ese camino, tú te vas a encontrar con muchas dificultades y mientras más cultura tú tienes, más fácil será la solución de las dificultades.

 

Mientras más amplificas tu conocimientos, más facilidades tendrás tú para cumplir meta.

Uno de los problemas del hombre es que se queda enganchado. Porque la vida es como un a carretera, que necesita ser recorrida, sin quedarse enganchado en una estación. Es como si en tu camino le das una bola a alguien y esa persona te resulta muy interesante, pero ¿qué pasa? Que esa persona no va para el sitio que tú vas, y llega un momento que tienes que dejar a esa persona ahí, porque ya no va a más. O tiene que desmontarse porque hasta allí es que ella llegaba. Y tú, tienes que seguir el tuyo, tu camino.

Ésa es una de las grandes dificultades de las personas. Que, en su viaje, las personas se quedan enganchadas en un determinado sitio o situación.

Por ejemplo, en el kilómetro dieciséis, venden agua fría con hielito. Y tú ya te quedas ahí porque ése es el mejor sitio. Y ya no quieres seguir caminando porque tú te sientes bien ahí. Entonces la cosa es que sí, feliz, yo me siento feliz en el kilométro dieciséis. Pero tienes que entender que tú tienes que seguir. La vida es un camino que tú tienes que recorrer, y es personal. Y las cosas buenas que tú te encuentres en ese camino, son parte de tu camino, pero eso no quiere decir que tú tienes que quedarte enganchado en esa estación… Es -como lo que dicen los que saben- vivir e desapego.

Todo lo que habla el hombre es cultura, todo lo que comparte, todo lo que está a su vista es cultura, todo lo que vive… ¡Todo!: los bienes, las ideas, la música…

Hablar del amor y la aventura, reúne toda la vivencia y experiencia que tiene el hombre en su camino y por eso se llama así. Porque todo el mundo tien un amor … Y la aventura es todo lo que el hombre se encuentra…

La aventura es sinónimo a la cultura. Porque si yo te digo que todo lo que le pasa al hombre es es cultura, también la aventura es parte de la cultura. Porque si tú no tienes conocimiento de Dajabón -es una provincia que comparte la República Dominicana con Haití -, tú no te aventurarías a ir allá. Porque sabes que existe, entonces coge para allá.

O sea, que la misma cultura te lleva a la aventura y entre esa aventura aparece un amor. Porque el amor no tiene sitio, por eso tú no puedes iir a un sitio y decir ¡Déme dos libras de amor!… Entonces tú vives ese amor.

Sí, mi querido libro, tú sabes que la cultura es como un barril sin fondo y siempre quiere más y siempre quiere más. Entonces la gente te cuenta una cosa y eso que te cuenta esa persona te enriquece a ti. Porque tú no tienes que esperar a que te pase una cosa, para que tú sepas que existe esa cosa. Basta con que a uno le pase y te la cuenta, y ya, eso, te sirve a ti para tu viaje.

Por ejemplo, en la carretera hay un letrero que dice: 80 km por hora y tú te pasas de esa velocidad y te matas. Pues ya, cuando a mí me toque pasar por esa carretera y vea un letrero que dice 80 km, por hora o Curva cerrada.. Es cuento que me dijeron, me dice a mí que yo debo de ser obediente a esa señal que dice ahí.

Por eso mucha gente no completa el tiempo de vida que le toca vivir aquí, porque son unos desobedientes. Y no solamente a eso, sino a todo.

Cada quien trae su camino impreso, trae su carta de ruta -por así decirlo- Y, en es ruta, es que está comprendida su ruta entera y los años que le quedan por vivir.

Igual cómo eres tú. Porque tú te das cuenta de que eres un se organizadito, tienes tu corazón tus piernas… Tú luces completo, no te falta ningún pedacito. Entonces ¿por qué tú tienes que andar por el mundo obedeciendo lo que ya está establecido? Porque lo que está establecido lo ha puesto un ser humano que vino antes que tú. Y lo ha puesto ahí para que los otros que pasen por ahí, obedezcan… ¡y más si tiene que ver con propia vida!

 

LA MARATONISTA

 

 Esperanza vivía en una ciudad llamada Salta el Petíguere, era aficionada al deporte de campo y pista. Fue la primera por mucho tiempo en ganar medallas de oro en todas las olimpiadas que participaba.

Los triunfos que acumulaba crearon recelos entre los competidores quienes la aislaron  y la drogaron dejándola abandonada en una isla.  Despertó desorientada y corrió tratando de ubicarse.

 Para sorpresa de ella y gracias a sus habilidades de correr se encontró con un cazador.

Ella le cuenta lo ocurrido.  El la ayuda y juntos vuelven al camino que la conducirá a la playa de la isla para llegar a su destino.

Y cuando apareció vivita y coliando el pueblo se llenó de júbilo y vitoreaban “ llegó Esperanza la maratonista  y la cargaron y la llevaron por la calle de su querido pueblo salta el petiguere .


 Y  el sindico erigió una estatua en su honor en la plaza del pueblo.

 

EL LADRÓN .

 


 Pocholo el de la mano de seda  que le robaba las poesías a todos los poetas y todas las noches iba de bar en bar  a declamarle a todas las parejas que se encontraban allí.

Era  un buen descuidista, aprovechaba el descuido de la pareja que se emocionaban con su histriónico recitar, instante que aprovechaba para robarle cualquier objeto, no importaba el valor  del artículo, lo importante era coger algo así estaba de implicada su enfermedad. 

Y así se buscaba la vida recitando poemas de otros sin atreverse nunca a escribir un poema de su inspiración  y robando la que podía cada noche.

Pocholo vivía en una cuidad pequeña y cada noche recorría los mismos escenarios y siempre se sabía los mejores poemas de los grandes poetas.

Y así pasaron los años recitando poemas que no escribía. Por  temor a delatarse y robando todo lo que podía  nuestro poeta bribón  con la esperanza de robar algo de mucho valor para pensionarse y dejar de trabajar.  

Y de esta forma pocholo  el declamador y doblemente rata, vivía muy feliz haciendo su desconsiderada actividad social.

 Aunque muchas  personas que no estaban conforme con su forma de actuar, especialmente un  íntimo amigo  que presenciaba su conducta y era sus huellas, es decir las huellas del extraño salteador  que la dejaba  todas las noches de su casa a los bares y viceversa. Ya  tenían el amigo muchos años sufriendo tal situación.

 Las huellas que dejan nuestros pasos también piensan y le gustan hacer lo que piensan y por esta causa siempre le llamaban la atención a nuestro afrentoso  carterista.

Como buen desobediente que son los  delincuentes nunca le hacía caso a sus huellas y siempre volvía sobre sus pasos. Las huellas de pocholo  obediente a regañadientes volvían con él, pero cada vez su pasos era mas aburridos y desgarbados.

Todo siguió así hasta que una noche muy nublada y oscura éste desorientado por tal situación climática dirigió sus pasos hacia un camino desconocido y pensando que iba hacia los bares como de costumbre su huellas que tenían un buen tiempo esperando un momento, como  este tomaron posesión de su cerebro específicamente el área de los sentimientos y del lenguaje y lo llevaron hacia un cuartel de policía  y mas rápido que veloz, sus huellas lo llevaron al departamento de querella y estando allí frente al agente de turno de esa noche sus huellas actuaron  antes de que  despertara a su realidad, es decir que se diera cuenta  que se había extraviado.

Le presionaron a que este diera su nombre y confesara todas sus fechorías. Que por cierto tenía muchísimas querellas  puesta en su contra  bajo el simple nombre de que un tal poeta se le acercó y cuando éste se fué su cartera no estaba.

Y sin mediar palabra se oyó una voz muy fuerte que dijo  ¡tránquenlo!

Con trés de queso y un coconete, colorin colorado este cuento se ha acabado

 

El autor

Psicólogo, poeta, escritor 



 

 


 

sábado, 19 de septiembre de 2020

Sandra Tavarez, Cuentos: Silencio e Incontinencia

 

Sandra Tavárez (Santiago de los Caballeros, República Dominicana).

Licenciada en Contabilidad por la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA).  Habla inglés, francés, italiano y portugués. Libros de cuentos publicados: Matemos a Laura (2010), Límite Invisible (2012) y En tiempos de vino blanco (2016).

Obtuvo Mención de honor en los siguientes concursos de cuentos: Primer Concurso de Cuentos sobre Béisbol, de la Secretaría de Estado de Cultura (2008), XVI Concurso de Cuentos de Radio Santa María (2009), II Concurso de Cuentos sobre Béisbol de la Secretaría de Estado de Cultura (2009),  XXII Concurso de Cuentos de Radio Santa María (2015) y en el  XIV Concurso de Cuentos de la Sociedad Cultural Alianza Cibaeña (2015).

Reconocimientos recibidos: “Joven Escritora” (2012), Taller Virgilio Díaz Gullón del Centro Universitario Regional de Santiago (CURSA-UASD). “Embajadora de la Paz” (2017), por la Federación por la Paz Universal. Medalla al Mérito Femenino Hermanas Mirabal (2018) por el colegio Padre Emiliano Tardif. Sus cuentos han sido incluidos en varias antologías. 

Perteneció al Sistema Nacional de Creadores Literarios (SINACREA). Es coordinadora del Taller Experimental de Literatura, de la Leal Logia Juan Pablo Duarte y es miembro del Taller de Narradores de Santiago.

 Cuentos:

1-Silencio 

2- Incontinencia


                                                                     Silencio

Mención de Honor, Concurso de Cuentos de la Alianza Cibaeña

Despierto, con la misma pesadez de todos los días. Ese deseo de permanecer inmóvil sobre la cama, de no abrir los ojos para no confirmar que el día ha comenzado. Trato de encontrar una frase dentro de mí, que me obligue a salir de este lecho. Finalmente, la encuentro y me levanto. Empieza la rutina, me aseo, elijo la camisa blanca, el pantalón gris, la corbata verde. ¿Por qué verde? Bueno no importa, termino de arreglarme y salgo de la habitación. El chofer del autobús escolar ha sonado la bocina por tercera vez, es casi una advertencia, los niños corren, los demás nos quedamos a la mesa, yo sólo tomo café y me marcho.

Al salir a la calle respiro profundo. Otro día, otro dólar. ¿Dónde habré escuchado eso? Tal vez en alguna película norteamericana. Aunque para mí no es seguro que signifique otro dólar, ni siquiera otro peso. Me dirijo a una entrevista de trabajo, por eso me inquieta la corbata verde. La oficina de reclutamiento no está lejos de aquí, decido ir caminando.

Al llegar, el guardián abre la puerta, lo saludo, pero no emito ningún sonido. Me asusto. Aún así avanzo hacia la recepcionista. Mi “buenos días”, no se escucha. Ella no parece notarlo. Me pregunta si soy el de la cita de las ocho, asiento con la cabeza. Me pasa un formulario y me señala una de las sillas del fondo para que lo llene.

Sentado, observo el papel como idiotizado, pasados unos minutos, otra joven viene a recoger el formulario, al ver que está en blanco, de manera dictatorial me espeta: “¿señor, está seguro que quiere aplicar para este puesto?” Vacilo. Me pongo de pie y me marcho.

El sol golpea mi cara con violencia, empiezo a deambular por las calles de la ciudad, buscando entre los transeúntes el sonido de mi voz, regreso a casa al final de la tarde. Trato de contarle a mi familia, lo que me ha ocurrido. Es un esfuerzo inútil. Cada uno está envuelto en su propio mundo. Mi hermano chateando por el celular, con amigos invisibles que tiene en Europa. Los niños peleando por una crayola verde y mamá en los quehaceres de la cocina. Nadie ha notado mi mutismo. Ni en la calle ni en la casa.


Al día siguiente, aún recostado sobre la cama, empiezo a contar como quien está probando un micrófono: “uno, uno, uno”. Nada. Salgo a la calle con una nueva actitud, en algún momento mi familia notará que he dejado de hablar, hasta entonces, disfrutaré de mi mudez. Camino hasta el parque, mi silencio me permite escuchar mejor. Veo a un grupo de estudiantes que marchan, vociferando consignas, llevan pancartas que expresan sus reclamos. Recuerdo mis propios días de estudiante, cuando verbos como “reivindicar” tenían un sentido orientado a favorecer a los más desprotegidos, e “intensificar”, significaba que no nos rendiríamos, que lucharíamos hasta el final. Como estos jóvenes, llevábamos nuestras pancartas, mientras coreábamos nuestros reclamos. Hasta que la policía nos interceptaba, en ese tiempo los llamábamos
los cascos negros. Un día llegamos corriendo hasta el cementerio. Nos siguieron. Fue una carrera épica, saltábamos sobre las lápidas, y ellos nos imitaban. Al final, nuestra juventud unida a la adrenalina que proporciona el miedo venció la pobre condición física de los oficiales.

Los muchachos siguen avanzando. Algunos transeúntes se detienen por unos segundos, luego siguen su camino. En realidad, nadie los escucha. Como también, es probable, que nadie nos escuchara. Un escalofrío recorre mi cuerpo. Nadie me escuchaba antes, por eso nadie ha notado que he dejado de hablar.

Miro alrededor, y presto atención a los detalles, las palomas frente a la iglesia, los limpiabotas del parque, la prisa con la que todos se desplazan, la mayoría hablando por sus celulares, suben y bajan escalones, entran a sus vehículos, conducen a su trabajo. Escucho dos mujeres hablando sobre un nuevo mosquito, que ha causado la muerte a muchos de nuestros ciudadanos. Veo a un loco hurgando en la basura y a un hombre que lo observa desde lejos. Veo, además, a una mujer muy angustiada, mientras revisa un papel que saca de su cartera.

Un nuevo día y mi reloj biológico me advierte que es hora de levantarme. ¿La misma rutina? Tal vez, no obstante, hoy es diferente, hay un silencio absoluto en la casa. ¿Será que todos se marcharon? Imposible. Salgo con prisa de la habitación. Todos están ahí, corriendo de un lado para otro. Alcanzo a ver el gesto del chofer del autobús escolar, amenazando con dejar a los niños. Sin embargo, no escucho nada.

El café está sobre la mesa, lo tomo despacio, luego salgo de la casa. En el camino me encuentro con una procesión que va hacia la iglesia, me adelanto para observarlos desde una de las bancas del parque, se ven cansados. A las diez de la mañana, de nuevo los estudiantes gritan consignas, ahora no los puedo escuchar.

Voy a un restaurante de comida rápida, es fácil, elijo una de las ofertas, señalo lo que quiero y pago lo que indique el volante. El dependiente me informa algo, le hago saber que no lo entiendo, él apunta hacia un letrero. Leo: “A partir de la próxima semana, los precios serán ajustados de acuerdo a la nueva tasa impositiva”. Pienso: nada que decir.

 


 

Amanece y me resisto a salir de la cama. Ignoro si aprobaron la reforma fiscal, o si es cierto que el nuevo mosquito ha llegado a nuestras tierras y la verdad no sé cuán importante sea eso en estos momentos. No puedo hablar, no puedo escuchar y noto que esta mañana empecé a volverme… invisible.

 

 

                                                          Incontinencia

 
Tres de la tarde. Aún estoy nerviosa por lo sucedido la última vez. Sólo faltan quince minutos para su llegada y entonces qué haré. ¿Y si no viniera? Quizás sea lo mejor. Pero no puedo contar con eso. De seguro estará aquí, puntual como siempre… ¿Y si me voy? No puedo. Debo permanecer ahí, anónima, con una aparente tranquilidad que me asfixia. Vacilo un poco, pero al final entro, me siento, respiro, espero y espero…

Llegó la hora… Escucho un saludo de rutina:

Buenas tardes.

Me ve, pero no me mira. Cierro los ojos y de repente siento su aliento cerca de mi cuello, sus manos tocan mis hombros y suavemente se deslizan por mi espalda. Toca mi vientre… Empieza a ascender y encuentra mi pecho y ahora son sus labios quienes imitan el recorrido, centímetro a centímetro, con pausas incandescentes. Mi pulso se acelera y un calor que me sofoca empieza a subir dentro de mí y ya no sé ni dónde estoy, mientras él repite mi nombre con insistencia:

Claudia… Claudia… ¡Claudia Ramírez!

Presente.